Si de cine de culto, filosófico y experimental hablamos, se me vienen a la cabeza dos mentes brillantes de antaño: el ruso Andréi Tarkovski (1932-1986) y el estadounidense Stanley Kubrick (1928-1999).

Cada uno en un tono sutil de mundos creados por y para una sociedad reflexiva, nos llevan a profundizar sobre la existencia del universo, navegar por oscuros parajes de la condición humana y llegar al final con más dudas que respuestas. Todo esto visto desde la ciencia ficción. Tarkovski, por un lado, inclinado a un cine analógico, influenciado por una cultura oriental propia de su origen soviético. Con un guion hondo y muy bien elaborado y una dirección fotográfica única, nos muestra un cine nostálgico y a la vez, apocalíptico. Kubrick, por otro lado, desde una perspectiva occidental y marcada por una dominación del recurso audiovisual en sus trabajos, genera atmósferas de desolación pero también de necesidad de progreso. Una Imagen y sonido abismal.

Hablando ya de sus respectivas películas, podemos afirmar que tanto Solaris (1972) como 2001: Odisea en el espacio (1968), son referentes reconocibles en el cine posterior y contemporáneo (Ridley Scott, George Lucas, Christopher Nolan, etc)  y su base común podríamos decir que es la poética con que representan a un cine de mera ciencia ficción pero que siempre es más que eso. Porque no se trata del simple hecho de proponer espacios distantes e inalcanzables para el ser humano, sino de dejar una huella discursiva en torno a nuestra condición, para que nosotros, como humanos, podamos salir de la burbuja y tomar de buena manera nuestra inteligencia. Por tanto los dos films están llenos de simbolismos.

Solaris lo hace desde un punto central, en dos escenarios. Uno, el de la tierra natal del protagonista y luego en un punto desconocido del universo, donde descubre realmente su yo profundo y analítico. Es en este planeta lejano que ve como su realidad no es más que esa y que todo cambia de un segundo a otro sin que podamos hacer nada respecto a eso. La verdad será siempre subjetiva. Podemos ver que en el fondo, los elementos futuristas de la película pasan a un segundo plano, mientras que lo importante ocurre en la mente de los personajes y en los diálogos que surgen de sus dudas existenciales. ¿No es así la vida en general? así mismo es como Kelvin, el protagonista, vuelve a la tierra con su mente más abierta y dilatada, sabiendo que hay cosas que hay que dejar atrás para progresar.

 

2001: Odisea en el espacio surge de otra visión sensible sobre nuestra humanidad, esta vez vista desde más de un escenario y en donde existen dos argumentos importantes. Uno es la representación del universo desde sus comienzos a través de la evolución con un elemento clave, un monolito. El otro es como, en un futuro tecnológico, el hombre llega a lugares inhóspitos y entiende como hay cosas que sólo a través de su inteligencia humana puede enfrentar. En este film podemos ver un desarrollo de efectos especiales adelantados a su época y un uso brillante de recursos visuales y narrativos. Kubrick nos entrega su visión de la evolución del planeta, con experiencias más objetivas pero también simbólicas. Navegar por su argumento nos da un sinfín de posibilidades.

La invitación siempre es a tener el placer de ver estos dos grandes films y tener sus propias comparativas de dos universos que vienen de la misma habitación pero con distintos sueños latentes.

¿Cuál prefieres tú?

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