Gaspar Noé (1963), el director argentino radicado en Francia, trabaja en la industria cinematográfica desde hace un buen tiempo. De toda su trayectoria quisiera destacar tres de sus películas más emblemáticas o controversiales. Irreversible (2002), Enter the void (2009) y Love (2015).

En el año 2002 se estrenó lo que es para mí, la más cruda y completa película de Noé, Irreversible. Historia narrada en reversa desde el final hasta el principio, con juegos de cámara disonantes y actuaciones perfectamente interpretadas por sus protagonistas, Mónica Belucci y Vincent Cassel, entre otros. La historia cuenta las consecuencias de una brutal violación y la necesidad de venganza de la ex pareja y el actual novio de la víctima.

Noé pudo transmitir con entereza la agonía y desesperación en la mente de los personajes, trabajando a la par con la parte física del espacio filmado y con la resolución de tomas que te dejan en un principio totalmente mareado y que luego se disipan para filmar escenas más lentas. El perturbable realismo de dos escenas fue lo más polémico y comentado del film en su época de estreno. La violación explícita de la protagonista y el asesinato crudísimo de un personaje, a sangre fría. Ambas escenas nos dejan en shock al verlas, entre cerrando los ojos y quedando pegados a través de la pantalla.

Sin duda, Noé no es un cineasta regular. De hecho juega mucho con sus obsesiones, no importándole mucho el éxito comercial de sus películas. Irreversible fue su puerta de entrada al reconocimiento fílmico y partió a lo grande. Por esto mismo, cada uno de sus posteriores trabajos quedan con una vara alta que es difícil de traspasar.

Enter the void fue su tercer largometraje y tras el éxito de Irreversible, no obtuvo las mismas calificaciones entre la crítica de cine. Esto, debido a que es una historia difícil de entender; navega a través de la mente de un hombre que se separa de su cuerpo, luego de ser impactado por una bala y nos muestra una perspectiva muy distorsionada de la realidad. La película es una droga psicodélica que viaja a través del tiempo de forma no lineal, traspasando la barrera de la existencia humana y desplazándose entre lo que de verdad sucede y lo que puede ser efecto de la propia droga.

Nuevamente el director muestra con hiperrealismo distintas escenas, poniendo la sexualidad como un enfoque continuo en su forma de narrar historias, detallando cosas que a simple vista nos perdemos por enfocarnos sólo en lo global. Un acierto. La película tuvo grandes logros argumentales pero aun así, para mí, no supera a Irreversible, en cuanto al mejor uso de sus recursos audiovisuales, artísticos o narrativos. Todo esto lo digo de forma personal, ya sabemos que la realidad se mira desde los ojos subjetivos de cada ser que la conforma.

Love, su más reciente película, deja entrever un poco de capricho de Gaspar Noé. Y no es que sea algo necesariamente malo, pero a veces hace falta una objetividad discursiva para poder transmitir lo que queremos decir. La historia cuenta cómo termina el protagonista enfrascado en una vida que no quería y cómo aparece continuamente el fantasma de su pasado, su ex pareja. Una relación tormentosa que no terminó bien para los dos y que podemos ver durante toda la película, narrada casi cronológicamente.

Love (2015) – Gaspar Noé

Lo más literal del film es la realización de escenas de sexo verdaderas entre los personajes, donde el director puso mucho hincapié en mostrar reiteradamente. De hecho la película parte con una escena sexual de más de 5 minutos, jugando con los encuadres y con la musicalidad. Pero esto, a opinión personal, no es lo prioritario de Love. Y tampoco es necesariamente el amor perdido y el corazón roto de Murphy y Electra, los protagonistas. Lo que muestra la película es como un inmaduro Murphy no se hace cargo de sus emociones durante toda su relación con Electra (y en su actualidad), en donde encaprichado por un amor de fantasía comete errores de los cuales se victimiza.

Electra, por otra parte, tampoco es una persona estable emocionalmente, pero al menos, es verdadera, es ella misma. Y se da cuenta de que no siempre el amor es suficiente. Puede ser que el actor que encarna a Murphy no esté a la altura del personaje o simplemente el personaje es un cliché más con problemas emocionales que no sabe procesar. Algo que vemos mucho en el cine y que Noé podría haber aprovechado de mejor manera, en su excéntrica manera.

La propuesta de Noé es ambiciosa pero se pierde mucho en formas obvias de abordar el cine, que según su trayectoria, podría llevar mucho más lejos. Sin duda, resalta la espontánea manera que tiene de dejar a flor de piel las emociones que transmite por medio del sexo explícito y la fotografía (gran uso de encuadres sombreados como cuadros pictóricos), pero podría haber llegado a extremos más sublimes narrativa y argumentalmente.

La variedad está en el gusto, dicen. Gaspar Noé es un director que no deja de ser controversial y tener esa dualidad de ser odiado o amado. O ambas en una misma línea. Algo que pocos poseen.

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