Hace un par de años el termino “sobrevalorado” se puso de moda. Había cierto snobismo en su uso. Con la llegada de Internet y plataformas de películas de todo el mundo y cualquier época, los cinéfilos tenían acceso a las “joyas” desconocidas del séptimo arte. Obras que, generalmente, tenían mucho valor académico pero que eran desconocidas por un público más generalizado. Películas soviéticas, películas italianas post fascismo, películas francesas de la vanguardia. Cine independiente. Cine de festival. Las opciones eran infinitas.

Ante ese panorama Stanley Kubrick, un director que se estudiaba en las facultades de arte, pero que era más mainstream ya no parecía tan fascinante. Ya no te hacía lucir más inteligente. Y, en muy pocos casos, su obra no tenía la profundidad estética o discursiva en comparación de otros directores como Andreí Tarkovsky o Jean Luc Godard. Pim pam, sobrevalorado.

Ya no digamos el blockbuster, sin importar que sea tan bueno como Salvando al soldado Ryan o Volver al Futuro, que es para las masas. Y las masas no saben de cine. ¿Por qué iba a querer compartir gusto con gente así? Sobrevalorado.

¿Películas de superhéroes? Un producto infantil y bobo. Genocidio cultural. Sobrevalorado.

¿Los clásicos? Está película armenia sobre las mafias de Europa del este es mejor que El Padrino, que está sobrevalorado.

¿Películas de culto? El club de la lucha tiene un discurso contradictorio. Sobrevalorado.

Se puede utilizar el termino de dos formas: como una crítica a la obra o como una crítica al público.

Cuando se usa contra la película pierde todo sentido. El Padrino no es culpable de que el publico le guste más o le guste menos. No se está juzgando ningún elemento de la película a parte de la apreciación que le da el espectador a ciertas obras. Cuando se usa el termino contra las películas no está muy lejos de quienes dicen “Es mala porque no me gustó”.

Cuando se usa para el publico es más complejo. Se está diciendo que el criterio de uno está por encima del resto de personas. “Está película está sobrevalorado porque esta otra que a mí sí me gusta o considero mejor es superior”.  No se libra de la superioridad intelectual.

No se trata de que sea totalmente erróneo usar el término. Pero se suele usar desde una posición arrogante. Un uso adecuado del “sobrevalorado” nos enfrentaría a preguntas más y más difíciles de responder ¿Quién decide cuanta atención debe tener una película? ¿El criterio de una persona está por encima del de otra? ¿Mi película favorita está sobrevalorada?

 

 

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