Un vendedor ambulante anda haciendo de las suyas a las afueras de un edificio. Su especialidad son los juguetes, los cuales repara y vende a niños totalmente emocionados. Pero algo siniestro acecha, y no, no tiene que ver con la pedofilia. O no señor, es algo peor, es la misma muerte.

Resulta, y viene al caso, que la hora de nuestro afable don ha llegado. Es precisamente ese mismo día, a la medianoche. Y la muerte, un hombre bien vestido, con un toque de banquero o corredor de Wall Street (*guiño*), no para de acosar a nuestro héroe. Lou Bookman, ese es el nombre del hombre mayor, al principio no le cree nada, aun cuando la muerte se tele transporta una y otra vez mientras tanto la audiencia como el señor comenzamos a sentirnos irritado. En defensa de la muerte, este es un caso especial y único que pocos tienen la dicha de obtener, muchos mueren sin ser anunciados.

Una vez que Bookman decide creerle a la muerte, trata de zafarse de su inminente final. Literalmente sale huyendo. Pero como Destino Final nos ha enseñado, no puedes huir del hijo de puta. Al final, Lou logra hacer un trato y es que si logra hacer la mayor venta de su vida, “una para los ángeles.” No obstante, una vez que la muerte da su brazo a torcer, el anciano testarudo trata nuevamente de hacerse el más sabiondo, pero no le resulta, y una de las pequeñas que le compran termina siendo atropellada y su vida depende de un hilo.

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La hora ha llegado…

Lamentablemente no hay precisamente mucha información detrás de cámara, siendo el efectivo uso de noche-día, uno de los datos más interesantes, aunque si uno se fija bien se puede notar que la iluminación es bastante alta para poder realmente ser de noche.

En fin, la idea principal de la historia tarda unos instantes en revelarse, ya que el episodio juega mucho con varios conceptos a la vez. Pero es el hecho de que, tal vez al evitar o sobrevivir la muerte, alguien más tome nuestro lugar, alguien que realmente quedamos. ¿Qué haríamos en tal caso? Nos enfrascaríamos en nuestro propio yo o nos sacrificaríamos – aunque realmente no es tanto sacrificio al final, pues era realmente nuestra hora de todos modos.

La forma en que Bookman logra mostrar sus grandes dotes como vendedor, haciendo que la muerte literalmente le compre todo, incluso su alma, nos deja fácilmente ver en ese poco espacio de tiempo, conocer el corazón de nuestro protagonista. A través de la historia del cine, los guionistas han tenido la dificultad de mostrar, y no contar. Aunque el desarrollo del personaje se muestra a través del dialogo, es más en forma de atributo que de explicación o descripción, lo cual resulta siempre ser el mayor problema con varios guiones que te lo dicen todo en la cara.

Es también una forma encantadora de hablar sobre la muerte, sin ser tan macabro o depresivo, porque al final, ¿qué es la muerte sino el inicio de un nuevo principio?

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