Walter Bedeker es una perra. Uno podría achicarle eso a su enfermedad mental, pero ya yo me he visto Amelie y sé que esa enfermera no te hace un pedazo de mierda.

Para que entienda el contexto, nuestro desgraciado es un hipocondriaco, entiéndase una persona que siempre piensa que está enfermo, a veces desarrollando síntomas que se traducen externamente, aunque todo es producto de su cabeza. Su mujer está media harta (sorpresa!), y él mismo se siente como un miserable.

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En medio de su último “diagnostico,” Bedeker de todas las personas, decide que quiere vivir una eternidad. Porque, además de hipocondriaco, el hombre es masoquista al parecer. Y en ese momento de deseo, se presenta un ser sobrenatural de nombre Caldwell, y básicamente se desarrolla una versión corta de Fausto.

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La insignificancia de la eternidad

Desde tiempos remotos, el concepto de la eterna juventud y la vida eterna ha estado clavada en las mentes de los seres humanos. Y mientras muchos tienen buenas intenciones para extender su tiempo de vida, la moraleja siempre suele ser que esto no vale la pena. En especial, porque muchos que anhelan tener este poder, suelen ser unos miserables.

Un claro ejemplo de esta miseria puede encontrarse en este episodio, sobre un hombre que deseaba morir, pero de manera abrupta decide que quiere vivir por miles de años. Algo que me cruzaba por la cabeza una y otra vez era la idea de que como este hombre, que se la pasa creyendo que está enfermo a cada rato, desea extender su tiempo en esta tierra. Lo más obvio es que buscara la muerte. Pero como el mismo diablo ya sabía, Walter Bedeker es un maldito idiota. No un orgulloso, no un vanidoso, un completo y total imbécil.

Desde el primer instante que obtiene la eternidad, lo primero que hace es intentar quitarse la vida de todas maneras posibles. En vez de usar su tiempo sin límite para ayudar a otro, decide intentar todas las muertes presentadas en 1000 Maneras de Morir. Pero llega un tiempo que el suicidio le resulta aburrido. En esas ocurre la muerte casi accidental de su esposa, y lo primero que vemos al sociópata es entregarse para ver si así le daban la silla eléctrica.

La muerte tan repentina y, en este contexto, tan aburrida como lo es el ataque fatídico al corazón es una muestra de la personalidad misma de Bedeker. Una muerte aburrida para un hombre aburrido.

¿Cuál sería tu caso dada la oportunidad?

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