Tras su estreno, el pasado 14 de junio, la serie juvenil de Netflix, Trinkets, ya está dando qué hablar. Y es que, nos embarca en un relato nebuloso, pero increíblemente honesto sobre la historia de Elodie, una chica introvertida que, tras su reciente cambio de escuela, debe sortear los obstáculos de ser “la nueva”.

Esta historia está basada en la novela para adultos jóvenes de Kirsten Smith del mismo nombre, que se centra en la vida de tres adolescentes para entregar una versión muy real sobre las desventuras y los recelos que hay que enfrentar durante la secundaria. De esta manera, la serie cuenta los conflictos de Elodie, tras adquirir el hábito de robar en tiendas como método de satisfacción emocional, y cómo conoce a Moe, la chica ruda y a Tabitha, la popular en las reuniones obligatorias para Cleptómanos Anónimos.

Desde ahí en adelante Netflix no nos sorprende. La serie se muestra predecible, arma desde el concepto de la amistad, otra de sus repetidas temáticas para captar público adolescente. Esta serie no es nada que no hayamos visto antes. Está ambientada en una secundaria, donde vemos roles estereotipados de jóvenes y donde suceden los mismos problemas, como lo hemos visto en series como Chambers, Elite, How to sell drugs online, entre otras.

Sin embargo, lo que podría distinguir a Trinkets es, que no sólo cuenta desventuras de un grupo de adolescentes, sino que lo hace desde las adicciones. En la serie se exhiben problemas graves relacionados con los efectos que se pueden generar a raíz de un trauma, como se observa en el personaje de Elodie, que adquiere una adicción a robar, tras haber sufrido una muerte cercana, como método de defensa. La protagonista desarrolla el deseo de robar porque eso le produce satisfacción, como ella misma lo dice, en el primer capítulo: “Si hay fuerzas que te quitan gente al azar, debería haber fuerzas que te den cosas gratis”. Por supuesto, es preocupante que se normalice de alguna manera el “robar”, pero no más preocupante que las críticas hacia 13 reasons why, porque normaliza el suicidio adolescente, eso es claro, y por lo demás, bienvenido sea el contenido controversial.

Ahora bien, la serie no es algo que sorprenda, la temática esta más que utilizada, y en general va en la línea de lo que quiere mostrar Netflix, respecto de las problemáticas de la juventud actual, y cómo llegar a una audiencia adolescente. En sí misma la serie está bien hecha, es atractiva y lo más importante: concreta temas como la orientación, la diversidad y la libertad sexual, o el descubrimiento del propio placer, donde a ratos parecen entrar en diálogo desde una perspectiva bastante feminista, pues si observamos bien, Moe, la chica ruda, lanza frases decidoras en diversos momentos:

  • – Eres lesbiana, puedes comprarle algo a tu novia, si quieres-.
  • – Porque antes de amar a otra persona, primero debes amarte a ti misma-.
  • – Lencería, ¿en serio eres tan básica? Ojalá sea para ti y no para él, de otra manera, la lencería es sólo una mierda patriarcal unilateral. Digo, ¿te importa lo que te complace a ti?-.

Son momentos como estos, los que me hacen reflexionar sobre la serie, ¿qué sucede si, de alguna manera, contribuye a derribar estereotipos de género y a normalizar el lesbianismo, sobre todo si va dirigida a jóvenes que buscan y exploran su propia identidad u orientación sexual? A mí me parece un acierto, creo que es un aporte, al igual que Sex Education, en una sociedad actual donde la educación sexual es deficiente, poner en tensión temáticas tan reales y cercanas para la audiencia, es clave para derribar tabúes y verdades absolutas.

Por supuesto, existen sentimientos encontrados con la serie, puede parecer sosa y algo lenta o muy repetitiva, pero también es profunda y nos hace ponernos emocionales y disfrutar de aquello que quizás ya hemos experimentado antes, aquellos con juventudes nebulosas, donde encontrar el camino no es fácil, y es este aspecto, el que nos hace encariñarnos con las protagonistas.

Les dejamos el link para que la disfruten:

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