Poco demoró la nueva cinta del afamado director local Pablo Larraín, en posicionarse como la más libre y atrevida de sus películas. Y pese a que ha obtenido divididas críticas en los festivales de Venecia, Toronto y San Sebastián, es innegable que no se puede quedar indiferente ante la propuesta temática y visual que plantea el filme.

La trama aborda la arriesgada posibilidad de que una adopción no resulte como se espera. “En Chile, hay un promedio de 10 adopciones fallidas al año”, explicó su director en conferencias, asegurando que se trata de niños que no logran adaptarse a su entorno adoptivo y vuelven a ser huérfanos. Aquel hilo conductor es llevado por la protagonista Ema, una liberal joven bailarina urbana de Valparaíso, que ve su presente acomplejado cuando los servicios sociales le quitan a Polo, pequeño al que habían adoptado junto a su pareja Gastón, director de danza.

Sin embargo, Larraín no suele utilizar métodos convencionales para presentar sus enredos, y eso quedó demostrado en elogiadas cintas como “No” o “El Club”. No exenta de una carga dramática ascendente, basada en la búsqueda de esta madre por vencer sus propias prisiones y recuperar a su hijo, “Ema” incluye una diversidad de elementos simbólicos y recursos fílmicos que narran hasta más que los propios diálogos. La cinta inicia captando un semáforo ardiendo en llamas, con luces parpadeantes, para luego introducirnos al personaje principal, que lleva en sus manos un lanzallamas. El elemento del fuego se usa en diversos parajes de la trama, desde la mirada de destruir y romper esquemas, y también como aporte a la estética de Ema, con su cabellera encendida y personalidad avasalladora. Otro elemento unificador que se infiere dice relación con los movimientos corporales, motivos representantes de la liberación sexual y social que atraviesan las nuevas generaciones.

En estos puntos, es que Mariana di Girólamo se lleva la mayor parte de los aplausos, producto de una sólida interpretación, provocativa y deslumbrante. La alternancia entre los momentos silenciosos y las secuencias de baile urbano, acopladas por la abundante presencia visual de la protagonista, resultan en una lúdica y novedosa forma de narrar, por lo menos para los estándares del cine chileno, que ya comienzan a romperse con estas nuevas corrientes fílmicas. Con esto, Larraín nos invita a un viaje dramático y sensorial, un ejercicio narrativo que precisa de atributos corporales, musicales y rítmicos para así lograr hacernos vibrar con el relato. Y el equilibrio entre esa dosis melodramática infaltable, y el gran potencial de la puesta en escena, dan cuenta de una experiencia que se deja sentir a pocos minutos de iniciada la película.

La diversidad de personajes relacionados a Ema, y las diametrales diferencias que existen entre ellos, funcionan en virtud de ampliar la trama a otras aristas, sobretodo cuando notamos que en su reparto figuran talentos como Giannina Frutero, Paola Giannini, Amparo Noguera, Mariana Loyola, Antonia Giesen o Catalina Saavedra, entre otras estrellas, cada una luciéndose otra vez más en su faceta cinematográfica. El mexicano Gael García-Bernal logra construir un Gastón tan o más acomplejado que Ema, a quien ama profundamente pero no haya la forma de poseer o alinear a sus expectativas de afamado director, mucho menos cuando pierden a su hijo.

Amor, reggaetón, revolución y destrucción. Algunos de los conceptos creativos que guían la premisa de la última y esperada película de Fábula y los hermanos Larraín. Un relato que se sostiene en base a su poderosa y seductora protagonista, sin ninguna otra pretensión que recuperar el amor del niño a quien siente su hijo. Para eso, derribar prejuicios y superar barreras por medio de la liberación del cuerpo y la mente, es un viaje que para el espectador y para Ema, se tornan indispensables de recorrer.

El retrato de una generación “perdida”, en busca de expresar los afectos en forma libre y auténtica, desde una visión que entremezcla secuencias coreográficas, momentos eróticos y paseos por diversos parajes del puerto de Valparaíso, entre otras cosas, pero todo aunado bajo lo sensible y emocional que resulta la temática, con un enredo central claro, preciso y no por eso, menos conmovedor. Quizás estemos en frente a la mayor propuesta de Larraín, que ya cosecha galardones y de seguro, lo seguirá haciendo. Un evidente potencial narrativo y visual, sientan las bases de esta particular producción cinematográfica, que se podrá ver luego de su esperado estreno este jueves 26 de septiembre, en diversos cines del país.

Por Lucas Villalobos

Aquí les dejamos el trailer oficial de “Ema”, para los que aún no lo han visto:

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