Más que una sátira cinematográfica, Jojo Rabbit llega a mostrarnos diferentes perspectivas de distintos escenarios. Rompiendo esquemas, nos invita a reírnos y a reflexionar críticamente sobre temas como el totalitarismo, el “fanatismo inocente”, el neofascismo, y en lo que la presencia de estos puede desembocar en la vida.

[Spoiler Alert]

Jojo Rabbit, basada en el libro Caging Skies de Christine Leunens, nos sumerge en la historia de Johannes “Jojo” Betzler (Roman Griffin Davis), un niño de 10 años que sueña ser reclutado por las Juventudes Hitlerianas y que tiene como amigo imaginario a Hitler (Taika Waititi), el que lo alienta y es su héroe.  Su madre (Scarlett Johansson) es antinazi en secreto, y en su casa esconde a una niña judía (Thomasin McKenzie).

Esta sátira opta por desarraigarse de la realidad histórica para mostrar un diálogo sobre el absurdo fanatismo, y lo infantil de sus seguidores, sin importar la edad. Ganador del Oscar a Mejor guión adaptado, este film es un recurso de Waititi para mostrarnos la imagen de cómo se percibe el fascismo desde dentro, ridiculizando el adherir estas ideas por ignorancia y supersticiones, además de mostrar la importancia de la propaganda para influir en la población.

A mediados de la cinta el humor, empieza desvanecerse y nos adentran a momentos tensos pero ligeros para mantener la esencia y no desentonar con el resto de la cinta, así también cuando lleguemos al climax, el golpe de realidad resultará más efectivo. A pesar de que estos momentos son predecibles, Taika Waititi nos había desviado con bastante acierto para que éstos sorprendieran lo suficiente.

Uno de los elementos más interesantes de la película, es ver como se proyecta en el imaginario del protagonista la figura de Adolf Hitler, entrando a medio reemplazar la imagen paterna, es su héroe, su amigo, éste lo impregna en sus discursos y lo acompaña en toda decisión. Además se nos muestra a Jojo de la misma manera en que cualquier niño puede ser fanático de un personaje de historietas, rayando en la obsesión, colecciona posters, figuras e intenta imitar a su ídolo.

La imagen de este Hitler torpe y gracioso no es una simple figura infantilizada por la mente de 10 años de Jojo. No se trata de que al ser un niño sea más propenso a caer en la ideología fascista, sino, al contrario podemos interpretar la mente de Jojo y su Hitler imaginario como una versión individual de la versión colectiva vivida a partir de 1933 en cada mente de los adeptos. Este amigo imaginario lo podemos entender también como un lente para interpretar la realidad y como un limitador, que, al momento en el que empiezas a dudar, la mente lo usa como recurso represivo ante las dudas.

Resumiendo, Jojo Rabbit se posiciona como una película que tiñe la tragedia de comedia, sin perder ciertos partes dramáticas que nos pueden sacar lágrimas. Nos muestra las atrocidades del contexto histórico disfrazadas de ternura, nos recuerda, necesariamente, lo terrible de los fanatismos y lo hace de manera sublime.

Definitivamente es un film necesario de ver durante la cuarentena, así, cuando esto termine, bailemos.

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