La nueva producción colombiana para Netflix, ‘El robo del siglo’, me hizo pensar todo el tiempo en el proceso creativo publicitario, porque indudablemente, el argumento de esta entretenida serie, es la prueba fehaciente de que, para bien o para mal, las crisis desatan la creatividad que uno piensa que no tiene. 

Sí, porque cuando un publicista se enfrenta a la creación de una idea, por lo general, es en el estado más profundo de estrés y desespero que surge una brillante solución. Analicemos un poco los hechos. 

En primer lugar, todos los personajes tienen un móvil de por qué hacen lo que hacen, que se deriva de una crisis o un estado de estrés; uno está a punto de morir, el otro las deudas lo tienen hasta el cuello y los demás solo intentan sobrevivir, en fin, la cosa es que un grupo de personas con distintas habilidades se reúnen para darle solución a un problema, y eso es lo más parecido a un Team Creativo de publicidad. 

Los problemas individuales se convierten en un problema común y  para intentar darle una solución, empiezan a hacer una especie de investigación, pero les pasa exactamente lo mismo que en muchos casos le ocurre a los creativos; reciben un brief pésimo, con pocos datos relevantes y una estrategia para llorar. 

Entonces es cuando Cristo empieza a padecer; las ideas van y vienen, todos quieren aportar, pero la verdad es que la mayoría resta, entonces hay discusiones de forma y de fondo, a algunos les da miedo tomar riesgos y otros están dispuestos a jugársela. Eso, querido lector, no es más que un brainstorming. 

Pero por fin en medio de este cóctel de cosas rebuscadas y un vómito de ideas, surge una solución que parece razonable y se escribe y se gráfica, en papel es la mejor idea de todas la ganadora, pero viene el momento en donde se prueba si en verdad es tan buena: la ejecución. 

Ahí, como le pasa a los protagonistas de la serie en algún momento, es cuando muchas ideas se van a la mierda, porque resulta que la forma no da una solución real al problema, y por más lindo que sonara a priori, toca improvisar y corregir. O sea, vuelve a surgir la crisis. 

La improvisación efectiva, como cuando a Chayo se le ocurre apagar el humo con los extintores, es eso que en la publicidad llaman el “chispazo creativo” y no ocurre, si uno no llega a tocar fondo. 

Me encanta pensar en ‘El robo del siglo’ como eso, como una de las ideas más brillantes ante uno de los problemas más grandes que pueden llegar a existir, creo que a partir de ahora, como redactor creativo que soy, para buscar inspiración aplicaré el ejercicio de pensar en cómo robar un banco, sencillamente porque hay tantas cosas que pensar, que definitivamente activará algo de esa creatividad que vive dentro de mí. 

Por Marcelino Cuéllar Castro

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