“Lo que ha traído el Covid es distancia física, porque en nuestro país la distancia social ha existido durante muchos años.”

Este es el argumento del documental que nos presenta las injusticias y grandes diferencias de clases sociales en Chile. Y es que si muchos se dieron cuenta tal como dijo cierto nefasto rostrillo de TV, “Sabíamos que había desigualdad, pero no sabíamos que les molestaba tanto”… en medio de la pandemia muchos quienes no comprendían lo que sucedía en ese entorno y que no comprendían el trasfondo del estallido social, han abierto los ojos a una realidad que sabemos que existe, pero que la misma elite busca excluir de nuestras miradas; por medio de endeudamiento, bajos sueldos y tener a la clase media y baja, aislados de este oasis llamado Chile.

Fuera de lo muy personal que pueda parecer este escrito, no es más que mi aprobación ante la confirmación de Lasalvia por medio de sus imágenes, entrevistas y experiencias viviendo como tantos lo hacen en Chile.

Siguiendo la línea televisiva como mencioné anteriormente, me es importante enfocarme en una parte de este estreno. Apaga la tele fue una de las grandes consignas que surgieron desde el 18 de octubre y aquí, podemos ver la razón. Un presidente y su gabinete hablando de bonos mientras en la calle el director consulta a las personas más vulnerables si recibieron el beneficio. Adivinen la respuesta… Ninguno lo había recibido porque figuran como si tuvieran altos  ingresos, mientras que la mayoría de ellos sin sueldo, sin trabajo, con pensiones indignas, viviendo con lo poco y nada que tienen y/o exponiéndose al virus porque en las palabras de ellos mismo, sino trabajas no comes.

Lo mismo sucede con la caja de mercadería, donde el director genera el espacio para compartir cámara con una nutricionista que evalúa su contenido lleno de carbohidratos y azúcares, con nula proteína y mucha falta de proteína. Así vemos como Lasalvia comienza a sumar kilos a lo largo de la filmación. Y aquí me detengo a citar el documental What the Heath, que explica como los poderosos buscan enfermar a la gente por medio de una mala alimentación para luego llevarlos a su otro negocio, las farmacéuticas.

Si bien el documental no es más que una ratificación de la realidad, es necesario para todos aquellos que imaginamos, pensamos o creemos que es una realidad, pero mirándola desde adentro, es un golpe de realidad mucho más fuerte. Lágrimas de impotencia es lo que provoca. Mucho más al ver el aprovechamiento de la TV, que sin duda a su vez es un aprovechamiento político, donde personas de esfuerzo son aclamadas por medio del romanticismo que es romperse la espalda para poder comer, sumado de poner ante la pantalla a empresarios a ofrecerle trabajo a una persona que debería estar jubilada y de la cual el gobierno no se hace cargo. ¡RABIA! Por eso se sale a la calle y más.

Algo interesante de Distancia Social, es que también hay espacio para un personaje que está desde la otra vereda. Aclamando a Trump y enojado con Piñera por no ser más como un roble, poner mano dura y no doblegarse ante la izquierda por culpa de los lumpen que andan marchando en su estallido anti-social. Lo digo desde su pensamiento y forma de expresarse, claro está. Lo divertido es que el sujeto es tan cliché, que termina dando risa. A eso debemos sumar su expertiz como científico, al decir que el cambio climático es una farsa; cuando hace tiempo no tenemos primavera ni otoño, donde en algún lugar muy muy muy cercano, los polos se derriten y el planeta va en decadencia. Caballero éntrese, dirían las redes sociales y yo me sumo.

Como no mencionar a la corrupta policía títere de los poderosos, y a modo personal, agradecido del registro audiovisual de A.C.A.B dibujados por todo Santiago. Una realidad bastante común y constante respecto a la perspectiva de la gente sobre esta institución.

Con una opinión que se basa en lo que viven de millones de chilenos, los invito a adentrarse en las profundidades de la realidad de este país. Eso mismo que se respira en la calle pero que no necesariamente vemos tan de cerca.

Como buen documental, tiene realidad y en primera persona los reales afectados del capitalismo y el robo de cuello y corbata que tiene a Chile sumergido en una asquerosa desigualdad.

Gratamente sorprendido con el trabajo de Fernando Lasalvia, que lo que me parecia antes de verlo una visual de su propia experiencia, se transforma en una realidad absoluta mostrando a su entorno, sin quitarle protagonismo a los reales protagonistas, el pueblo.

La película estará desde diciembre en la plataforma del Centro Arte Alameda.

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