Son muchos los modos de escaparle a la rutina de los pueblos. Están quienes viajan, quienes se exilian de las contadas calles y se despiden de los rostros conocidos… Y están quienes optan por aficionarse a prácticas culturales, deportivas o espiritistas, que terminan por convertirse en la razón de ser de muchos vecinos. Allí dan rienda suelta a sus gustos, esperanzas, ilusiones, perversiones… basándose en sistemas éticos y morales que muchas veces no son los compartidos por el resto de la sociedad y que validan la violación de los derechos humanos con total naturalidad, como si se tratara de una misión divina reflejada en plano terrenal. Algunos los llaman sectas. Espíritu Sagrado, el primer largometraje de Chema García Ibarra, viene a contarnos algo de todo ésto.

En un pueblo de España, Julio, el presidente de la asociación Ovni-Levante, ha muerto. Su discípulo y sucesor, Juan Manuel, debe continuar dándole vida al legado de su maestro, a quien venera y con quien habla incluso después de su muerte. El grupo, cargado de misticismo, espera la llegada de seres superiores quienes lo llevarán hacia el camino de la eternidad. Durante la primera media hora de film, se desarrolla la historia paralela: la búsqueda de la desaparecida sobrina de Juan Manuel, un de las hijas gemelas de su hermana.

A través de planos fijos y sostenidos, que sólo por momentos adoptan movimiento, Chema consigue perturbarnos poco a poco, potenciando con eficacia la llegada de la escena final. Las secuencias más atractivas son las que transicionan los puntos de giro del guión, y que proponen una estética diversa cortando el ritmo de las escenas anteriores, volviéndose estridentes y alimentando un in-crescendo que se escabulle por debajo hasta salir a la superficie trompeándonos con lo inevitable. Una muy interesante propuesta de Chema que pudimos ver en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, incluida en la Competencia Internacional de largometrajes.

Por Carla Duimovich Nigro

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VíaMundo Películas
FuenteCarla Duimovich Nigro
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