Pocos escritores han sido tan influyentes en casi todos los medios como el maestro de Providence, Howard Philip Lovecraft. Desde videojuegos cuyo objetivo es cazar a los seres primigenios que pueblan el horroroso panteón cósmico de la narrativa Lovecraftiana hasta grupos de death metal que invocan a Cthulu y Hastur entre berrido y berrido. Sin embargo, el cine, más acostumbrado a mostrar que a sugerir ha tenido problemas a la hora de mostrarnos el terror cósmico.

¡Jamás permitiré que nada con mi firma sea banalizado y vulgarizado hasta convertirlo en la clase de tontería infantil que se ofrece a los públicos de la radio o el cine con la etiqueta “historias de terror”! Así se expresaba Lovecraft en 1933 en una carta. Intuyendo, quizá, los problemas que la narrativa cinematográfica tenía a la hora de contar sus historias de terror.

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El terror cósmico, más allá que monstruos viscosos y llenos de tentáculos, consiste en infectar al espectador con la idea de su propia insignificancia frente a un universo infinito y criaturas oscuras y antiguos completamente amorales y que poco les importa el sufrimiento humano. En la literatura Lovecraft logra esto llevando al espectador en una espiral que desciende hacia las entrañas de la locura. Ver a Cthulu o cualquier otro de los primigenios es la perdida inmediata de la cordura. Son seres tan terribles que la mente humana no puede con el conocimiento de su existencia.

Sagas como Reanimator o Evil Dead utilizan los monstruos aberrantes o el terror a lo desconocido, pero su terror se encuentra más cerca del gore o el terror corporal de David Cronenberg que el sutil pero profundo miedo a lo desconocido. Con Lovecraft, más que a lo que vemos tememos a lo que habita en las profundidades.

Con maestros como John Carpenter en los 80’s se lograron avances en lo que llevar apropiadamente a Lovecraft a la gran pantalla se refiere con películas como In the Mouth of Madness, pero en la era moderna de los jump scares y el susto fácil adaptar su obra es cada vez más complicado.

La emoción más antigua y más intensa de la humanidad es el miedo, y el más antiguo y más intenso de los miedos es el miedo a lo desconocido.

 

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