El hoyo es una película para todos, pero que no todos aguantan. Obvio. Su hiperbólica forma y la manipulación de los elementos gráficos hastía tanto que es insoportable verla. No cualquiera es capaz de digerir las imágenes que la cinta española produce. 

Lo primero es que la estructura narrativa de la cinta tiene de todo un poco, thriller, gore, drama, ciencia ficción y humor negro. Ese cóctel de estilos hace que de por sí, su ritmo sea frenético y terminemos agotados solo con verla. 

Nuestro punto de partida es el de personaje principal, pues de todas maneras, veremos la cinta metidos no solo en los ojos, sino en la cabeza de este. Un día Goren se levanta en una estructura bastante moderna que tiene en el centro un hoyo gigante que evidencia una profundidad incalculable. La estructura, es una especie de prisión o experimento sociológico, no sabemos del todo, pero no importa. 

Lo interesante es que hace un alegórica representación de la distribución de los poderes en el mundo, tan implacable como el azar mismo, porque es éste quien se encarga de elegir quién tiene más que el otro; como la vida, que si naces en un lugar determinado tienes más herramientas, más oportunidades y puedes elegir entre millones de mejores opciones, pero a los de abajo, a los que nacen sin nada, si quieren subir tendrá que escalar con las uñas en un ejercicio exhaustivo de supervivencia. 

Solo un acto revolucionario, ante un sistema que poco importa saber quién lo maneja, sino que lo cruel es que existe y busque mantener un status quo insoportable para los de más abajo, permitirá un cambio real o al menos, un inicio, una incitación a un cambio. 

Esta vez he sido breve y no he querido profundizar, porque quiero recomendarla, creo que más que hacer un análisis es importante darla a conocer por si no se han permitido verla, es más importante lo que ustedes piensen y sobre todo, lo que experimenten con esta película. 

Al final, yo me quedo con un aprendizaje en el que más adelante en otros artículos profundizaré y es que, si la persona que llega al poder o la cima, no gobierna o ejerce ese poder desde el perdón, el ciclo se perpetúa por los siglos de los siglos, amén.

Por Marcelino Cuéllar Castro

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