Por: Periodista Tamara

La emoción me embarga mientras me dirijo al ensayo. El reproductor aleatorio del celular me tira a los Red Hot Chili Peppers, los primeros acordes de la guitarra resuenan mis oídos mientras entro al cuarto de ensayo.

Con el Basto tiramos la talla mientras esperamos que llegue JP y Polo, un aterrizaje tardío pero predecible. Después de tantos años en un mismo proyecto juntos, uno conoce las mañas, las formas y las dinámicas en que funciona.

No puedo evitar que la nostalgia me invada mientras observo sus rostros, facciones marcadas y barba frondosa, nada comparada a los 6 vellos en la barbilla de la época escolar, que uno se dejaba por pensar que se veía bacan.

Sin embargo, no es momento para sentimentalismo barato. Estamos en un momento importante. Quince años como banda con su formación original, o bueno, casi original. No es algo que se vea a diario. Ni a las mejores bandas les paso… Queen, The Beatles, Pink Floyd.

No. Pero aquí estamos, Funk Shop. Ad portas de un nuevo disco. Un nuevo paso. Un nuevo comienzo. Tu y yo. Nosotros. Lo preparamos con cariño, con la música corriendo en nuestras mentes y cuerpos. Así como debe ser. Porque si no efervesce desde dentro, no vale.

¿Y cómo no sentir esta música que rebalsa nuestros cuerpos? ¿Y cómo no crear teniendo todo eso en uno? Porque la inspiración está afuera y dentro, lo que importa está en lo colectivo y como esa unión nos remueve en lo interior.

Porque los cambios, la incertidumbre la inquietud y lo desconocido solo aflora la creatividad y las ganas de conectar. Este disco es eso y más. Una catarsis colectiva, pero también interna, que los invitamos a descubrir, sentir, gozar y bailar.

Invitados a ser parte de esta fiesta, 15 años de banda, un tercer disco en puerta, un nuevo single sonando y muchas sorpresas en esta cuarentena funk.

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