SANFIC presenta una cartelera variada de películas aclamadas en festivales internacionales.
“Las Chicas están bien” es honesta desde los créditos, presentándose a sí misma como el “ensayo de una película” e interpretada por mujeres actrices que no asumen un personaje, sino que hablan desde sí mismas, en un juego sutil con la cuarta pared.
Itsaso escribe una obra, y decide llevar al resto de las actrices a una casa de campo con un molino para ensayar durante una semana las escenas y modificar los diálogos. Durante las mañanas ensayan y en las tardes conversan y se sinceran sobre diversos temas, entretejiendo el contenido de la obra que habla sobre una princesa que llega a un castillo desde el mundo exterior, donde otras mujeres esperan la llegada de su hermano.
Lo primero que llama la atención es que cada uno de los personajes se interpreta a sí mismo, cada actriz y actor usa su propio nombre, incluso la pequeña Julia León, que complementa el relato reflexionando sobre el cuento de la princesa y el guisante.
Es una “película segura”, sin dramas atroces y giros de trama increíbles. “Las chicas están bien” nos muestra precisamente a un grupo de mujeres en un punto más pleno y tranquilo de sus vidas, en un ambiente de campo tranquilo, donde se ofrecen consejo y apoyo. Itsaso Arana la dirige y la escribe y sin embargo no se apodera de ella, ofreciendo espacio para que cada uno de los personajes tenga un momento dentro de la historia.
Las chicas reflexionan sobre temas grandes, como la muerte, la orfandad y el amor, tomando decisiones y comparando vivencias. Hay espacio también para hablar sobre la maternidad, ya que Bárbara está embarazada, dando lugar a reflexiones en torno a que ser madre es firmar un nuevo pacto con la vida.
“Las chicas están bien” es una película apacible visual y argumentalmente, pero ofrece temas importantes y al final se convierte en una charla amena y sensible de un grupo de mujeres en etapas distintas de sus vidas.
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