Discutimos los principales pilares de la filmografía del director. Cuéntanos si alguna de estas es una razón por la que amas su filmografía tanto como nosotros, o por el contrario, una razón para odiarlo.

1. El maestro de la apropiación

“Los grandes artistas copian, los genios roban”, una controversial frase de Pablo Picasso. Y es que así como otros importantes artistas de la historia, la obra de Tarantino ha logrado reivindicar el concepto de “plagio”. Antes de arrancar su carrera, el director de Pulp Fiction no era mas que un fanático empedernido del cine, y esta pasión es clave al momento de homenajear a sus más grandes idolos de las formas menos sutiles posibles. 

Lo que para algunos quizás debería ser motivo de vergüenza, para Tarantino es algo que ya se ha vuelto de gran naturalidad, incluso declarando en 1994 a la revista Empire que él ha “robado de cada película que se ha hecho”. La realidad es que estos robos han otorgado algunas de las escenas más icónicas de su filmografía, como lo el baile del concurso de twist de Mia Wallace y Vincent Vega, extraído de “8 ½” (1963) de Federico Fellini o la secuencia de la enfermera en camino a matar a la novia en “Kill Bill Vol.1”, cuando el encuadre se divide en dos, estilo que es copiado del thriller de la película “Black Sunday” (1977). 

“Pulp Fiction” (1994) y “8 1/2” (1963) de Federico Fellini

“Kill Bill Vol. 1” (2003) y  “Black Sunday” (1977)

Para reconocer todas las referencias escondidas en el cine del director habría que ser un verdadero obsesionado de la materia, ya que tan solo la lista de géneros de los que se inspira es increíblemente amplia. Este híbrido de géneros cinematográficos que es su filmografía abarca desde el Spaghetti Western (Westens europeos de una estética sombría y violenta, tomando como principal referente a Sergio Leone), pasando por el cine japonés (tanto de artes marciales, crimen y suspense), hasta el subgénero del thriller Rape-and-revenge (dónde el protagonista es una mujer que busca vengarse uno a uno de los hombres que la agredieron) y finalmente, el cine americano de Gangsters, por mencionar solo algunos. 

  • 1.- “El bueno, el malo y el feo” (1966)
  • 2.- ”Juego de la muerte” (1978)
  • 3.- ”Thriller – Una película cruel” (1973)

2. Violencia visceral

De aquella influencia del Spaghetti Western y de otros subgéneros como el Macaroni Combat (que es similar, pero aplicado en el cine bélico) surge esta tendencia de Tarantino de usar la violencia como una estética, ya que en ocasiones ni siquiera es de su interés que se trate de una violencia que impacte por su realismo, sino más bien un desfile de momentos sangrientos de inescrupulosa violencia exagerada.

Pensemos por ejemplo en “Kill Bill”, momentos donde ocurren lluvias de extremidades y cantidades de sangre que probablemente en la vida real un ser humano es incapaz de producir, o en la sangre carmesí brillante en “Perros de reserva”, que le otorga una apariencia de todo menos fidedigna, o simplemente la manera en la varios de sus personajes pasan gran parte del filme cubiertos en sangre. Y es que este manejo de la violencia es parte del tono de humor negro que maneja el director, uno que no teme en deshacerse de un personaje de un momento a otro con tal de reforzar la idea de efimeridad en la que se basan los mejores momentos de tensión y humor de sus relatos.

3. Una epopeya de venganza

Es difícil ignorar como el tema de la venganza es uno importante tanto en pequeña como gran escala en los argumentos de las películas de Tarantino. A través de este sentimiento cobran vida las personalidades más interesantes de los personajes de sus filmes, y también es el medio por el cual nos resulta tan inmediata y orgánica la identificación y empatía del público con la ficción que está observando. En el cine de Tarantino no existe una dicotomía marcada por el “bien” y el “mal”, sino una dinámica de gato y ratón, y lo más interesante es que estos roles se prestan para ser interpretados tanto por el antagonista como el héroe intercalando múltiples veces conforme avanza la trama. De manera que vemos a nuestro protagonista crecer y dejar el papel de víctima para encarnar el de justiciero.

Tengamos en mente el personaje de Django, o de Shossana Dreyfus, o de Beatrix Kiddo, por supuesto. Todos atravesaron fuertes eventos que los llevarían irremediablemente a una odisea sin retorno, donde tendrán que enfrentar a un enemigo que los ha humillado y casi despojado de su humanidad.

Son estos vaivenes y estas persecuciones la esencia de las historias. La eterna búsqueda de redención a través de la conquista de una justicia que desemboca casi siempre en muerte. Pero que al concretarse se ejecuta de una manera más que satisfactoria.

4. Narrativa atípica y ruptura de lo lineal

Así como cada película de Tarantino tiene una estética singular y distinta a las otras en su filmografía, lo mismo sucede con el manejo de la narrativa. Pareciera que con cada guion él se toma la libertad de encontrar una manera distinta de contar una historia, a veces, dividiéndola en capítulos, otras veces, directamente desordenando los actos, o creando pequeños momentos a modo de antología que luego acaban por entrelazarse. Pero lo cierto es que es difícil predecir cuál será el siguiente método que usará, lo único certero es que será aquel que calce perfectamente con la naturaleza del argumento.

“Perros De Reserva” es una película que no revela mucho al espectador, se guarda lo mejor como un factor sorpresa e incluso reserva las escenas de introducción de los personajes en singular para momentos claves en la historia cronológica, al igual que lo hace Los Odiosos Ocho. Por el contrario, en “Pulp Fiction” no hay temor en revelar eventos importantes antes de que culmine la historia, como la muerte de Vincent Vega.

5. El poder de un buen diálogo

Finalmente, una lección que indiscutiblemente nos deja este director es cómo estructurar un diálogo. La mayoría de fanáticos podemos estar de acuerdo en una cosa: Los mejores momentos de las películas de Tarantino se dan en una simple conversación. La película que quizás mejor ejemplifica esto es “Bastardos Sin Gloria”. Tan solo en la introducción se nos presenta lo que es quizás uno de los momentos más tensos y agobiantes del cine: la presentación del nazi Hans Landa al irrumpir el la casa de un civil en busca de una familia judia. O también la escena del bar, donde los planes de nuestros protagonistas son frustrados por la inesperada presencia de un grupo de nazis celebrando inocentemente el nacimiento del hijo de uno de los soldados. En esta escena la tensión de ser descubiertos incrementa cada segundo con la desfavorecida situación en que se encuentran los personajes, y en la cual Tarantino se encargó de que la clave para intentar salir de la contingencia sea lograr convencer con la palabra, generando un diálogo magistral, dinámico y sumamente afilado.

Pero en contraste con esta clase de escenas, recordamos también con mucha nostalgia los irreverentes diálogos que Tarantino introduce en sus películas. Con una gran genialidad logra hacer calzar a la perfección conversaciones con temáticas que para nada cuadran con el contexto en que se dan. Como, por ejemplo, la escena donde una banda de delincuentes discute en un café sobre el verdadero significado de la canción “Like a Virgin”, de Madonna, al inicio de “Perros de Reserva”. Al igual que en “Pulp Fiction” en el momento en que Vincent y Jules, dos miembros de una mafia en camino a ejecutar a unas personas, conversan sobre la etimología de las hamburguesas de McDonalds.

¿Cuál es el veredicto entonces? ¿Acaso todas estas razones hacen a Quentin Tarantino un genio y son el motivo de su éxito? Algunos pueden argumentar que lo hacen un director ordinario, uno más del montón, uno que copia y pega, usa la violencia como una muletilla y nos toma el pelo con unos guiones pretenciosos que no pueden reducir una historia simplemente a una estructura de tres actos. Todo aquello depende de la perspectiva con la que se vea, pero hay algo innegable, la filmografía de Tarantino es una que ya alcanzó el nivel de culto, y su legado nos ha llegado y nos seguirá alcanzado con el pasar del tiempo.

Por Haila Linares

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FuenteHaila Linares
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