Por Orlando Cisterna

La cultura y deportes en Chile enfrenta momentos complejos, ligados al abandono del estado a la industria cultural  y de eventos masivos por la pandemia del COVID 19, los sesgos ideológicos de la elite económica, y la falta de infraestructura pública para el desarrollo de ferias, conciertos y festivales culturales de gran envergadura, lo que bloquea cualquier iniciativa fuera del radio de la capital Santiago.

Vayamos por parte. En términos de infraestructura, Chile enfrenta el gigantesco desafío de los juegos Panamericanos 2023, lo cual ha obligado al cierre del Parque Estadio Nacional, para la construcción de un arena para 20 mil personas, el arreglo del centro de tenis, entre otras mejoras, tales como ciclovías y un parque ciudadano de deportes, los cuales serán de beneficio público para el 2024.

Sin embargo, lo anterior afecta a la industria de eventos masivos, tales como los shows de Metallica, Soda Stereo y Justin Bieber, más toda la gama de estrellas del circuito A que están negociando venir a Latinoamérica dentro de los próximos tres años. La prioridad número 1 del Parque Estadio Nacional son los Panamericanos, incluso afectando a las selecciones de fútbol y al equipo Universidad de Chile.

Lo anterior lleva a buscar otros sitios para eventos masivos, y aquí nos topamos con un segundo problema, el uso de espacios públicos comunitarios sobre eventos de carácter privado. El parque O ́ higgins, que en el pasado fue pensado como un parque de deportes, hoy se mezcla entre un campo de marte y festivales de música en el Arena Movistar y Fantasilandia, concesiones  de infraestructura pública a privados.

El rechazo de la la actual administración al Lollapalooza 2022 tiene como base el daño al parque,y el no pago de derechos y permisos para su realización, demostrando los vacíos legales dentro de la industria de eventos masivos en Chile. Además, las quejas por la contaminación acústica y las toneladas de basura producidas por el festival solo provocan a vecinos que,  con una alcaldía ciudadana, solo desean el fin de estos mega eventos para tener el parque para sus actividades diarias de deporte y recreación.

Ante esto, surge un tercer problema, el cual es la racionalización de recursos públicos a eventos que no compatibilizan con la ideología política de la comuna o gobierno local. La comuna de Las Condes decidió poner fin al financiamiento del evento masivo “Teatro a Mil”, esto debido a que la oferta cultural de obras es “Nihilista” Y “Postmoderna”, yendo en contra de los valores republicanos y del buen vivir que propone la comuna. En resumidas cuentas, la ideología de las obras va en contra de la ideología de los habitantes de Las Condes, los cuales buscan un repertorio más clásico o dirigido hacia obras de carácter libertario sobre lo popular.

El gran conflicto yace en dos decisiones dolorosas. O simplemente abandonamos la industria cultural, dejándola a merced de  los gobiernos de turno y a restricciones según la tendencia popular o ideológica del momento, o la ciudadanía se rebela y exige tres elementos fundamentales. Primero, precios justo para que personas de todos los espectros sociales accedan a eventos culturales y deportivos; segundo, regulación para que tanto productoras y gobiernos lleguen a acuerdo sobre el cómo hacemos estos eventos, y las medidas de mitigación a los vecinos; y tercero, libertad de expresión y acceso a contenido cultural a toda costa, más allá de si los líderes del gobierno local no les gustan los artistas o ideas de turno.

La cultura de la censura es tóxica, y Chile se debe rebelar contra la falta de empatía, y la negación de espacios públicos para eventos culturales o masivos. Aquello que nos une, la cultura, deporte y arte deben ser un factor de extrema importancia para los ciudadanos, quienes bajo su propio juicio, definirán si las obras, conciertos o eventos masivos son o no acordes a lo que desean para sus territorios o espacios locales. Así mismo, son las propias comunidades quienes deben denunciar los efectos secundarios de los mega eventos, y poder controlar a las productoras de su abuso, codicia  y desidia.

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VíaMundo Películas
FuenteOrlando Cisterna
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