40 años de La voz de los ’80: El sentir adolescente en dictadura

El primer álbum de estudio de Los Prisioneros logro calar en ese sentir adolescente, convirtiéndose paradógicamente en La voz de los 80.

El álbum La voz de los ’80, de la banda nacional ochentera Los Prisioneros, cumple 40 años desde su lanzamiento en 1984. La primera entrega del trío originario de San Miguel sigue vigente entre adultos y jóvenes que aún se identifican con sus letras contestatarias y las melodías rimbombantes que marcaron un antes y un después en la escena musical chilena.

El descontento se sentía en las calles, y las manifestaciones de los trabajadores iban en aumento. Como respuesta, la dictadura promulgó un decreto que prohibía informar sobre las jornadas de protesta, se decretó estado de emergencia y, posteriormente, estado de sitio debido a los disturbios. También se publicó la Ley Antiterrorista, y cada manifestación terminaba con heridos y muertos.

El trío musical se conoció en su época secundaria, en primero medio. Aunque compartían el amor por la música, no tocaban instrumentos, por lo que todo comenzó como un juego bajo el nombre de Los Vinchukas. Con el tiempo, comprendieron que ese juego era su proyecto de vida, ahora como Los Prisioneros.

“Nuestras letras son un poco violentas, y esa era una razón para subirse al escenario, la excitación de poder defender una posición. Ahí la cosa se empezó a poner seria. Me di cuenta de que no había otra cosa que me llenara más”, comentó el vocalista Jorge González en una entrevista realizada en 1985 por la revista La Bicicleta.

Jorge compuso las canciones de La voz de los ’80 entre sus 17 y 19 años, por lo que estas reflejaban sus experiencias y vivencias de la adolescencia. Según la columna Lo visible e invisible de la subcultura juvenil en Chile en las décadas de 1980 y 1990, publicada en el Observatorio Historia y Política, en los años ’80 existía una visión peyorativa hacia la juventud, caracterizada como “floja” y despreocupada por el contexto nacional.

Además, los discursos adultocéntricos presentaban a los jóvenes como un elemento de conflicto: un grupo sometido a estereotipos y generalizaciones desarrolladas desde una perspectiva externa y sesgada. Mientras tanto, la juventud enfrentaba múltiples distinciones de género, socioeconómicas y demográficas, que resultaban invisibles a los ojos de los adultos.

En la entrevista con La Bicicleta, Jorge dejó en claro su desinterés por la política y cuestionó al folclore como algo identitario en Chile: “Nosotros somos tipos de clase media, de San Miguel, y allá no se escucha el folclore. Allá se escucha la radio, donde aparecen canciones en inglés, guitarras eléctricas y baterías”.

En sus inicios, el vocalista veía su música de como un puente entre las letras y el público, poniendo especial énfasis en el poder lírico de sus palabras. Finalizando aquella entrevista, consideró su posición frente a la vida, algo que se refleja en sus letras: “Entre ser un universitario y ser un Prisionero, creo que no hay donde perderse”.

Una nota publicada por la revista Apsi en 1987, manifestaba el sentimiento juvenil ante el contexto, regido por la sensación de “falta de oportunidades existentes en el Chile de hoy para los adolescentes”. La nota profundiza: “En los años 60 había esperanza … Allí había futuro. Actualmente, el proceso se revirtió … no hay confianza en el futuro”. Estas palabras reflejan el sentimiento de una juventud marginal e incomprendida en un contexto social, político y económico que se caía a pedazos.

Jorge González de 19 años, Miguel Tapia de 20 y Claudio Narea de 18, lanzaron su primer álbum, La voz de los ’80. Los Prisioneros se posicionaron como un símbolo para la juventud de aquella época, gracias a la rebeldía crítica e indiferente que el trío transmitía tanto en su desplante como en sus letras. Todo esto en un período marcado por el adultocentrismo y la dictadura cívico-militar de Pinochet.

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