Apocalypse Now se llevó la Palma de Oro en el Festival de Cannes de 1979, donde fue estrenada, y es definitivamente la película más ambiciosa de Francis Ford Coppola, épica en varios sentidos: tanto por la escala de expansiva de su producción y cinematografía -a cargo del maestro Vittorio Storaro-, por su famosamente espantoso rodaje, pero también la narrativa clásica que habita en su interior.
Este domingo 26 de enero a las 17:00 horas, en el marco del ciclo Director del Mes dedicado a la filmografía de Francis Ford Coppola,Apocalypse Now se exhibirá en Centro Arte Alameda en su versión Final Cut, que permite apreciar la verdadera magnitud de esta obra con sus 182 minutos.

Coppola comenzó a filmar Apocalypse Now en Filipinas en 1976. Además de la construcción de sets en medio de la selva, el uso de los helicópteros e indumentaria militar y la imposibilidad de controlar a actores como Dennis Hopper y Marlon Brando, la producción atravesó un cambio de actor principal, reemplazando a Harvey Keitel por Martin Sheen, y el ataque cardíaco que casi significó la muerte este último, más de siete meses adentrados en el rodaje.
Una serie de peligros y obstáculos no disímiles a los que habitan la novela en que la película se basa, El corazón de las tinieblas (1899) de Joseph Conrad. Este relato examina la cara más violenta de la colonización, y lo hace dándole un giro siniestro a un mecanismo esencial de la literatura: el viaje.
Ya sea en aquel «viaje del héroe» diagramado por Joseph Cambell en El héroe de las mil caras, que buscó aunar los puntos en común de las historias épicas y los mitos; como en las acepción más general del viaje en las historias. En El corazón de las tinieblas y Apocalypse Now, esta espina dorsal de la narrativa occidental, el viaje, se presenta trastocado, perversa: convertido en un viaje hacia la oscuridad que acecha en el interior de sus protagonistas. Un recorrido muy adecuado para el marco histórico que sustenta esta historia: la colonización.

En el libro, se trata del dominio belga sobre el territorio del Congo; y la narración en voz del capitán Marlow se adentra por los ríos del país africano, navegando en busca del enloquecido Kurtz. Este enigmático personaje mantiene su nombre en la versión fílmica de la historia, en que lo encarna Marlon Brando; pero el viaje se traslada a Vietnam y Camboya, en plena guerra con los Estados Unidos.
Ambos autores, Conrad y Coppola, proponen con este tenebroso viaje del héroe una interpelación a las épicas nacionales y europeas que justificaron el imaginario de la colonización, opuesto al verdadero horror de la violencia que sustentó estos procesos históricos.
Esta conexión con la épica y los mitos no le quitan las raíces históricas a estos relatos. El mismo Conrad, que irónicamente había elegido la navegación como profesión anhelando la libertad de las aguas, basó El corazón de las tinieblas en su experiencia recorriendo el río Congo para la empresa belga SGB en 1890. El <<Estado Libre del Congo>> había sido fundado por la monarquía belga con ambiciones de progreso civilizatorio. Ida y vuelta desde Kinshasa a Kisangani, en el interior del país, le bastaron al escritor para renunciar a su cargo y, más adelante, convertir sus notas de viaje en la novela.
La interpretación de Coppola actualiza la colonización de finales del siglo XIX por la intervención de Estados Unidos en Vietnam, retratando la crueldad militar norteamericana con tintes que podrían parecer ensoñaciones macabras, pero que sin embargo tienen bases bastante reales, como el verdadero coronel Robert B. Rheault, arrestado por su propio ejército, quien habrían servido de base para el personaje de Kurtz en Apocalypse Now.
Pero la conexión con la colonización está también presente en la película, no sólo en el libro, especialmente considerando la versión Director’s Cut (o Final Cut), en la que se suma un episodio clave a este viaje: la presencia de los colonos franceses en Vietnam, como perdidos en el tiempo, anacrónicos, pero aún ahí, como el eco de un proceso colonial que no alcanza a terminar antes de renovarse convertido en la política exterior norteamericana.
La decadencia de la racionalidad comentada a través de la expresión psicodélica como guiño a la contracultura que se desarrolló al mismo tiempo y en respuesta a la Guerra de Vietnam en Estados Unidos. Otra capa más de la figura del viaje: el viaje de ácido en los ojos desorbitados de Lance, el soldado surfista californiano que navega junto al Capitán Willard.
Estas capas culturales de la sociedad norteamericana -el surf, el ácido, las modelos Playboy- son exploradas a través del contraste grotesco que generan con el entorno de guerra, en un choque que también se siente en la música: la psicodelia de The Doors le da la mano al delirio heróico de la Cabalgata de las Valquirias, de Wagner, con que el desquiciado Kilgore quiere vestir sus bombardeos de una épica conquistadora, al son de un compositor bastante representativo del imaginario imperialista europeo.

Es este aspecto que puede encontrarse quizás, aquello que podría considerarse clásico de esta historia, el hilo que conecta la novela y el filme más allá de los cambios en la geografía, política e instituciones. Es en el retrato del progreso occidental como viaje, pero un viaje en que el heroísmo de su épica es una cruel fantasía que habita en los impulsos humanos más oscuros, convertida en una realidad aterradora gracias al poder de la civilización. Un viaje del que los personajes pueden retornar mecánicamente, sólo en cuerpo, pero aquel <<mundo ordinario>> del que partimos ha desaparecido por completo.
Fuentes:
Goldberg, Reid (2024) The Chaotic and Near-Deadly True Story of Filming ‘Apocalypse Now’ (Collider).
Jasanoff, Maya (2017) With Conrad on the Congo River (The New York Times)
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