El silencio incómodo de los medios frente a los logros culturales

Mundo Películas

Mientras en el Festival Internacional de Cine de Berlín (Berlinale), uno de los eventos cinematográficos más prestigiosos del mundo, el productor chileno Giancarlo Nasi y el equipo de The Blue Trail ( O último azul) celebraban haber ganado el Oso de Plata—el segundo premio más importante del certamen—, que fue parte de la competencia oficial, donde se encontraban películas como Blue Moon de Richard Linklater, La Tour de glace con Marion Cotillard, If I Had Legs I’d Kick You con Rose Byrne, Hot Milk con Emma Mackey y Vicky Krieps. En medio de ello, los titulares en Chile estaban ocupados con otro evento: el Festival de Viña. Pero no por sus aportes a la música o la cultura, sino por los vestidos, la farándula y los memes del momento.

Es importante aclarar que no se trata de desmerecer el trabajo de los diseñadores de vestuario, cuyo talento merece reconocimiento. La crítica va dirigida al enfoque superficial de los canales de televisión y medios, que prefieren resaltar la apariencia de los asistentes en lugar de profundizar en el verdadero propósito cultural del festival.

Esta desconexión no es nueva, pero sí preocupante. Mientras el cine chileno se consolida como una fuerza creativa en el ámbito internacional, la cobertura mediática local sigue minimizando estos logros. Las noticias culturales son desplazadas por la superficialidad del espectáculo, y la narrativa de “lo que vende” se impone sobre el reconocimiento del talento y la perseverancia.

El problema va más allá de la omisión: refleja una falta de compromiso estructural con la cultura. ¿Cómo podemos esperar que nuevas generaciones se interesen por el cine, la literatura o el arte si los medios invisibilizan estos éxitos? ¿Por qué seguimos validando que un vestido en la alfombra roja tenga más espacio en la prensa que un reconocimiento internacional?

El Festival de Viña, que alguna vez fue un espacio de celebración para la música latinoamericana, hoy parece ser más una pasarela de trivialidades, con farándula que no aporta, que una plataforma de artistas emergentes. El contraste con el silencio sobre logros como el de Nasi en Berlín, revela una desconexión peligrosa entre el potencial cultural del país y la atención que recibe.

Es tiempo de que la cobertura mediática esté a la altura del talento nacional. El cine chileno está ganando premios en las ligas mayores, y merece ser celebrado con el mismo entusiasmo con el que se cubre cualquier otro evento popular. Porque si no apoyamos nuestra cultura, ¿entonces qué futuro le estamos ofreciendo?

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