“Yo no canto por cantar”: Guitarras salvajes y versitos rebeldes que arden en el corazón 

YO NO CANTO POR CANTAR
Un documental sincero que reflexiona en torno a la iglesia, la familia y el Estado.

La directora, Ana L’Homme, a días del natalicio de Violeta Parra, nos regala una pieza sincera, un canto cálido y un rasgueo salvaje, que surge de aquellas mujeres que habitan entre campos y cultivos, en la Región del Maule. 

El documental, Yo no canto por cantar, encanta con su narrativa de inicio a fin. Nos sumerge en la experiencia de las cantoras campesinas, cómo una tradición que pasa de generación en generación, de abuela a madre, de madre a hija, un acto cargado de un patrimonio inmaterial, pero que, a su vez, nace como un remedio para un dolor, que es fruto de la violencia. 

La poeta y cantora Mauricia Saavedra nos guía en esta aventura. Abre las puertas de su chacra y de su sentir materializado en canto. Con su guitarra de palo en mano y a través de entrevistas distendidas, nostálgicas y esperanzadoras, nos presenta a quienes frecuentan los encuentros de mujeres cantoras.

De a poco, se comprende que ese canto emerge de aquellas opresiones y violencias arraigadas en el cuerpo y alma: la iglesia, la familia y el Estado se expresan como aquellas instituciones que coartan la libertad y derecho femenino, acrecentado por el espacio rural y el peso de la historia.

Por la belleza y dulzura que transmite el documental, agradezco a Mauricia. Logra abordar problemáticas y situaciones complejas con paz y armonía. Es admirable la forma en la que insta a las otras mujeres a cantar y relatar su historia, sus memorias. Al finalizar cada charla, con empatía y cariño, dedica un canto a cada una de ellas.

Vemos cómo la poeta escribe sus versitos sinceros entre pastizales y cultivos. En paralelo, Ana L’Homme, comenta e interpreta esta realidad oculta para el centralismo santiaguino. Ello refleja ese ambiente tan íntimo que la directora decide compartir con el lente, el cual juega entre planos fijos y la cámara en mano. Esta es una historia sincera y personal, la directora y las cantoras nos dan un pedacito de sus vidas, lo cual es un privilegio.


Lo único que podría criticar respecto a la obra, es la fotografía. Si bien, existen planos y encuadres memorables y hermosos, creo que la escenografía, el contexto y los espacios permiten una apuesta más arriesgada, que esté a la altura de la complejidad del relato.

Pese a ser una historia sensible y emocionante, es una experiencia que llena el alma. Nuevamente, agradezco la oportunidad y el privilegio de experimentar este documental. Yo no canto por cantar, una frase que hace honor al contenido del film. A más de alguno se le caerá una lágrima y no despegará un ojo de la pantalla; pero les aseguro que abandonarán la sala con el corazón contento.

Ana y Mauricia se encargan de mantener una tradición viva, de un imponente trasfondo. Un homenaje a las mujeres rurales y al canto popular, el cual expande aquel patrimonio de Violeta.

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