En un remoto y humilde pueblo nortino, los hombres pasan sus días con pica en mano, mientras las mujeres —desde temprana edad— son relegadas por la tradición y la superstición al trabajo doméstico, la reproducción y la crianza.
Sariri una niña de 11 años, vive junto a su madre y su hermana mayor de 16 años, Dina. A simple vista, pareciera ser que las mujeres son quienes dominan en el pueblo y en la casa, pues los mineros solo dejan caer su manto en la noche.
La mina es exclusiva para los hombres. Esa es la regla, si no quieres que “la diabla” -que habita en la oscuridad del yacimiento- ocasione un derrumbe por celos. Con ello, se comprende que esa libertad femenina no es más que una expresión del cautiverio.
Rodeadas únicamente por la arena y las dunas, no hay escapatoria aparente. Muchas viven la tradición, pero otras sueñan con un gajo de libertad y decisión, en medio de la nada.
La inocencia de las hermanas se ve interrumpida por la “grata” noticia de un embarazo no deseado de Dina. En paralelo, Sariri -por orden de la fuerza natural- abandona la niñez, porque le ha llegado la menarquía.
En adelante, todo se complica. Somos testigos de una pesadilla encarnada y se hace inevitable no pensar en cuáles son los límites de la ficción y el documental: la imposición del matrimonio, el trabajo doméstico, la reproducción apresurada, la violencia, el abuso, el alcohol y la ignorancia camuflada en tradición y cultura.
Sariri debe emprender un forzado y solitario viaje, una costumbre entre las mujeres, pues la sangre puede enfurecer a “la diabla”. No le queda más que sobrevivir a su suerte. Dina se niega a abandonar sus sueños acarreados desde su infancia, presentes ahora en su adolescencia. Por ningún motivo quiere ser madre, no quiere casarse, no quiere ser reducida a ser la mujer de alguien. No queda opción, debe fugarse, pero no puede dejar a su hermana sola.
Los límites de lo ético, lo cultural y lo correcto

El film es un acierto narrativo, capaz de representar vivencias y experiencias latentes, desconocidas e invisibilizadas. Desde mi punto de vista, logra enfatizar en la contradicción entre la violencia y la tradición. ¿Cómo nos posicionamos cuando la cultura ejerce y avala la violencia?, ¿cuáles son los límites de lo sagrado y de lo digno de preservar? Sariri pone el ojo en aquello, ir más allá, pensar en los pueblos, en los espacios remotos donde no llega ni Dios ni ley.
Por otro lado, la película motiva como una crítica a la moral, y cómo esta se enfrenta a las necesidades individuales e intrínsecas de libertad. ¿Dejar de lado lo que parece sagrado, por la realización personal, es un golpe a lo que se establece como moral?
Esta película entrega nuevas perspectivas, pero principalmente invita a la reflexión, a cuestionarse los límites de lo bueno y malo, a extender los horizontes de lo que creemos conquistado en materia de derechos humanos y sociales.
Si bien son personajes ficticios, es interesante pensar en cuántas Sariri y Dina existen en el mundo, o tal vez a la vuelta de la esquina.














