“Un futuro brillante”: distópica, incómoda y audaz 

La película de la uruguaya, Lucía Garibaldi, logra mediante los simbolismos y la fotografía un relato atraparte, visceral y reflexivo.

Por cosas del azar, y gracias a la programación de SANFIC21, llegué a “Un futuro brillante”, una película dirigida por la uruguaya Lucía Garibaldi. Minutos antes de la función, leí rápidamente la sinopsis, me senté en la butaca y, sin muchos antecedentes, me dejé llevar por la historia y el misterio, lo cual no acostumbro hacer. 

El film es bastante extraño, a veces bizarro, pero después se vuelve comprensible y simbólico, lo que permite conectar con la realidad. Esta historia nos sitúa en lo que parece ser un futuro retro y distópico controlado por una élite intelectual.

Tras pasar una serie de pruebas psicológicas y de rendimiento, Elisa, una joven estudiante, es seleccionada para ser reubicada a lo que parece ser la tierra prometida, conocida como el norte. Ello la convierte en la joven promesa y orgullo de su distrito: representado como un complejo habitacional de clase media baja.

Elisa se emociona, ya que piensa que podrá reencontrarse con su hermana mayor, quien también goza de este privilegio en el norte. La protagonista vive junto a su madre, una señora exigente y trabajadora, que anhela escapar de su realidad e irse a aquel lugar desconocido y privilegiado, pero para ello necesita juntar una alta suma de dinero. 

Pero las desilusiones harán que Elisa poco a poco cuestione este sistema imperante y pierda aquel encanto…

Una atmósfera envolvente 

La ciudad es lúgubre, rutinaria y en su mayoría compuesta por ciudadanos de una simpatía siniestra. Todos quienes no son perfectos se ven obligados a vivir en estos distritos, a realizar trabajos precarios y a vivir cierta ignorancia impuesta por esa elite que domina el mundo. No quedan animales, los alimentos son escasos y las hormigas son una plaga que amenaza la vida humana.

Esa estética es bien construida a través del color y la escenografía, tonos verdosos que dan cuenta de esa enfermedad social, una peste que se esparce como humo. Las locaciones son solitarias y deterioradas, pero a la vez cotidianas y hogareñas. El centro de estudios donde se hacen pruebas a los jóvenes candidatos es más colorido, aparentemente amigable, pero no es así. En general, se siente esa incomodidad constantemente, tanto en la puesta en escena, como la construcción de la escenografía y obviamente las situaciones propias del guion.

La única escapatoria es tener: un IQ elevado, una salud mental estable, una apariencia física hegemónica y, lo más importante, juventud. Si no cumples con ello, estás condenado a no ser nadie. 

Por otro lado, el distrito está custodiado en sus fronteras, se habla de ciertos peligros desconocidos al salir, pero la periferia es el único lugar bello, con paisajes naturales e infinitos, que representan la libertad. Nunca nos muestran el norte, es un imaginario no solo en la mente del espectador, sino que también de los personajes, lo cual se transforma en un anhelo infinito de posibilidades, pero que a la vez recuerda cuál es tu lugar en la sociedad. 

Esta película es una metáfora en todos sus sentidos, aborda la obsesión, las clases sociales, la meritocracia, el placer, la perfección, la ignorancia, la locura y el control. Nos pintan un mundo distópico, pero sinceramente, ¿qué tan alejados estamos de esa realidad?

“Un futuro brillante”, es para reflexionar, pero sí o sí te va a incomodar en todos sus sentidos, pues la estética funciona como un engranaje en todas sus aristas. Martina Passeggi interpreta a Elisa de una manera sumamente cruda, pues es una mujer tímida que se ha visto obligada a esconder sus emociones y su curiosidad. Su rostro poco expresivo y característico funciona a la perfección. 

La historia avanza bastante bien, corre rápido y el guion funciona. El arco está bien desarrollado y el desenlace, aunque un poco predecible, es emocionante y juguetón. Una fotografía elegante, comunicativa y audaz. En dos palabras, “Un futuro brillante” es un film entretenido y visceral.  

El resto del elenco está compuesto por la argentina Sofía Gala Castiglione, Soledad Pelayo, Alfonso Tort, Maruja Bustamante y Pablo Riera. El guion, a cargo de Federico Alvarado y Lucía Garibaldi; la fotografía a cargo de Arauco Hernández Holz; y la musicalización es de Fabrizio Rossi. 

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