«La Ola»: El arriesgado salto de Lelio hacia el musical político

Una película que desafía las convenciones del cine latinoamericano con una obra que convierte las protestas feministas en espectáculo coreografiado y declaración política.

Sebastián Lelio regresa al cine chileno con su propuesta más audaz: un musical que transforma las protestas feministas de 2018 en un dispositivo cinematográfico sin precedentes en Latinoamérica. Con «La Ola», el director de «Una mujer fantástica» abandona el intimismo característico de su obra previa para abrazar la épica colectiva, explorando territorios expresivos que el cine regional había dejado prácticamente inexplorados. En Mundo Películas de contamos más detalles sobre La Ola.

Sí, es un musical

La decisión de Lelio de trabajar con 17 artistas chilenas en la composición musical —incluyendo a Ana Tijoux, Javiera Parra y Camila Moreno— se debe a una comprensión de que un musical político requiere voces que genuinamente habiten el idioma y la cultura que pretende representar. Esta colaboración trasciende el detalle técnico para convertirse en la diferencia entre la apropiación cultural y la expresión auténtica, especialmente cuando se aborda un movimiento social tan específico y territorialmente situado como el feminismo universitario chileno.

Matthew Herbert, colaborador habitual de Lelio desde «Una mujer fantástica», funciona como articulador sonoro de estas voces diversas, creando una textura musical que oscila entre la rabia militante y la introspección melancólica. Las coreografías de Ryan Heffington transforman los espacios universitarios en escenarios de resistencia, donde cada movimiento corporal se convierte en declaración política.

El descubrimiento de una protagonista compleja

Daniela López entrega una actuación que trasciende las limitaciones de un debut cinematográfico, encarnando a Julia con una vulnerabilidad feroz que ancla emocionalmente toda la propuesta. Su trabajo abarca la interpretación de canciones y la ejecución de coreografías, mientras López construye un personaje que navega la tensión entre el trauma personal y la acción colectiva con una autenticidad fundamental para el funcionamiento del film.

La actriz logra hacer creíble la transformación de una estudiante reacia en líder involuntaria del movimiento, evitando arcos narrativos predecibles. Su Julia es una joven que descubre su propia voz mientras la presta al coro colectivo, y López maneja esta dualidad con una madurez interpretativa que sugiere una carrera prometedora por delante.

Entre la épica visual y los límites narrativos

Lelio construye un dispositivo visual que privilegia la potencia escénica por encima de la fluidez narrativa, apostando por momentos de impacto visceral antes que por el desarrollo orgánico de conflictos. Esta decisión tiene costos evidentes: la película se resiente cuando debe articular la dimensión íntima del trauma con la épica colectiva de la protesta.

Los números musicales más logrados abrazan completamente su artificialidad teatral, particularmente las secuencias corales donde los pasamontañas rojos transforman a las estudiantes en una masa anónima pero poderosa. Cuando la película se permite ser puro espectáculo político, encuentra su registro más efectivo.

Quizás, su estructura de 129 minutos expone a «La Ola» a ciertas debilidades en el desarrollo dramático. Los diálogos tienden a la exposición directa, y algunas canciones privilegian la claridad del mensaje sobre la sofisticación musical. Lelio parece consciente de estas limitaciones: los momentos metacinematográficos donde rompe la cuarta pared funcionan como autocrítica incorporada, cuestionando su propia autoridad como hombre dirigiendo una historia feminista.

El riesgo como valor artístico

En un contexto cinematográfico latinoamericano que históricamente ha esquivado el musical como género, la propuesta de Lelio establece un precedente que trasciende su propia efectividad inmediata. Se trata de una obra necesaria: un laboratorio expresivo que abre posibilidades para futuras exploraciones.

La película funciona como un manifiesto sobre el potencial político del cine musical, demostrando que el género puede abordar urgencias sociales contemporáneas manteniendo su naturaleza espectacular. Lelio ha creado un híbrido entre el cine de arte y el activismo cultural, donde cada número musical refuerza la tensión política.

Un experimento que merece ser experimentado

«La Ola» demanda participación emocional e intelectual del espectador, invitando a reflexionar sobre las formas en que el arte puede intervenir en los debates sociales contemporáneos. Sebastián Lelio ha arriesgado todo su capital simbólico en una apuesta formal sin garantías, y el resultado es una obra imperfecta pero vital, que expande los límites expresivos del cine chileno y latinoamericano.

Fábula ha producido una cinta que confirma el potencial del cine chileno para abordar géneros tradicionalmente ausentes de nuestro panorama audiovisual. «La Ola» es una invitación a descubrir nuevas formas de hacer y experimentar cine, una propuesta que debe ser recibida con la curiosidad y el entusiasmo que merece toda obra genuinamente innovadora.

La Ola fue escrita por Lelio junto a Manuela Infante, Josefina Fernández y Paloma Salas, y producida por Juan de Dios Larraín, Pablo Larraín y Rocío Jadue. El estreno en cines chilenos está confirmado para el 28 de agosto de 2025

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