A veces el cine agarra un clásico y lo sacude hasta dejarlo irreconocible. The Ugly Stepsister hace exactamente eso con “La Cenicienta”: toma la historia dulce y aspiracional y la somete a un lifting quirúrgico en plena sala de operaciones.
Mientras la veía, tuve un déjà vu muy preciso: esas madrugadas adolescentes donde uno aterrizaba en ISAT, sin saber exactamente qué estaba viendo. Era ese canal programado por un curador insomne con alma underground. Ahí descubrí grandes del cine como Trainspotting, Corre, Lola, corre, Gummo, Pink Flamingos, entre otros menesteres. Obras que a veces fascinaban, a veces perturbaban, a veces ambas al mismo tiempo. El film espira esa misma energía: de un bocadillo de digestión lenta. En Mundo Películas te contaremos de The Ugly Stepsister.
Tenemos una cita en el quirófano
En una oscura y retorcida reimaginación del clásico cuento de hadas, The Ugly Stepsister sigue a Elvira (Lea Myren), una joven consumida por el deseo de ganar el afecto del príncipe Julian (Isac Calmroth) y asegurar un futuro de ensueño. Sin embargo, vive a la sombra de su hermanastra, la convencionalmente hermosa Agnes (Thea Sofie Loch Næss). Impulsada por su ambiciosa madre, Rebekka (Ane Dahl Torp), Elvira se somete a medidas cada vez más extremas y grotescas para transformar su apariencia en un reino donde la belleza es un negocio brutal y el único camino hacia el poder.

Lo que comienza como una rivalidad familiar se convierte en una espeluznante espiral de horror corporal y desesperación. La admiración inicial de Elvira por su hermanastra se transforma en un profundo resentimiento a medida que la presión por alcanzar un estándar de belleza necesario la empuja a un camino de automutilación y locura. En su obsesiva búsqueda del amor del príncipe y la aceptación social, Elvira se adentra en un mundo macabro de sangre, sudor y lágrimas, donde luchará con uñas y dientes para convertirse en la elegida del baile, sin importar el costo para su cuerpo y su alma.
Sola, sin alma, pero bella
La actuación de Lea Myren es el corazón pulsante de la película, y su propuesta visual opera con la misma precisión quirúrgica con la que el personaje interviene su cuerpo. La fotografía y la escenografía crean ambientes fríos, meticulosamente compuestos, donde cada gesto de Myren transmite una mezcla de rabia y entrega absoluta para transformarse en una «Barbie victoriana». Su cuerpo se vuelve un campo de batalla entre la autoimagen y la mirada externa, dando lugar a una de esas interpretaciones que se quedan colgadas en la retina mucho después de que la pantalla se apaga.
Esta aproximación estilística define también el tipo de horror que ofrece la cinta. Quien entre esperando un festín de trampas sádicas al estilo Saw, probablemente se encontrará con una experiencia distinta y quizás más perturbadora. La violencia aquí no se apoya en mecanismos elaborados, sino en la crudeza de observar cómo un cuerpo se somete para encajar en un molde imposible. El efecto es visceral: hay secuencias que provocan arcadas y otras que asfixian lentamente, logrando un terror que se instala bajo la piel con la misma frialdad quirúrgica que define a la película.
Y colorín colorado…
Probablemente, The Ugly Stepsister no se llevará el título de «la película de terror del año», principalmente porque su juego es otro. No está aquí para satisfacer una sed de sangre que nos prometió en el trailer, sino para inyectar un veneno de combustión lenta. Su violencia es mucho más psicológica, lo visual se queda más en lo repugnante que lo sangriento. Para quienes disfrutan del cine raro, incomodo, de ese que igual te obliga a mirar, la invitación está hecha: Tenemos una cita en el quirófano. Disponible en los cines del país a partir del 9 de octubre.












