Cuando de muerte se trata, la cultura mexicana surge como un trazo reivindicativo del dolor. En 82 minutos somos testigos de uno de los capítulos semi ocultos de la artista, quien de manera resiliente se aferra a la vida, como si desde lo más profundo de su ser supiera, a temprana edad, sobre su trascendental destino. En esta oportunidad, Karine Vézina y André Kadi -directoras de esta película– invitan a todo aquel que alguna vez fue niño a decir: “¡Hola, Frida!”
El reencuentro animado con la artista
No es la primera vez que la vida de la artista visual, Frida Kahlo, es llevada a la pantalla grande. En 1983, Paul Leduc realizó “Frida, naturaleza viva”, protagonizada por Ofelia Medina; y en el 2002, Julie Taymor nos trajo “Frida”, donde Salma Hayek interpretó a la artista. Ambas producciones están abordadas como un drama biográfico y -aunque exquisitas en calidad cinematográfica- responden a las facetas más adultas y atrevidas de Magdalena Carmen Frida Kahlo Calderón.
Esta vez vuelve en forma de animación: una joven Frida se recupera del reconocido accidente en bus que sufre a los 18 años -hecho que, aunque trágico en su forma, permitió el renacimiento de la artista, como un punto de inflexión en su vida-, en el desorden, y gracias a las travesuras de su mono, encuentra su diario de pequeña. El libro, lleno de los primeros dibujos, garabatos y recortes, le hace recordar aquellos momentos íntimos y trascendentales con su madre, padre, hermana, amigos y un perro callejero.
Pero también recuerda aquellas luchas internas: se enfrenta a Catrina, pues la muerte la acecha en su enfermedad repentina. También se enfrenta a otras dificultades que pondrán en cuestionamientos sus capacidades. Esto nos permite ser espectadores de las tempranas facetas inquietas y rebeldes de nuestra protagonista.
A veces se necesita un empujoncito
Desde un inicio se nos muestra una Frida inquieta, curiosa y respondona; su madre, una señora comprensiva, pero estricta y algo conservadora; su padre, el que la sigue a todas; y su hermana pequeña, su primera admiradora. La normalidad de la joven Frida se ve puesta en jaque de un momento a otro y con ello pierde su esencia, y aunque busca formas de levantarse, es gracias al apoyo constante de sus seres queridos quienes la motivan a seguir adelante. Como es de esperarse, se recupera, pero queda con secuelas, las cuales le traerán más de un problema que deberá resolver. Las amistades también juegan un papel importante en los espacios educativos y sociales, y no podemos olvidar al fiel y travieso perrito callejero. Frida no sería quien es si no fuera por su entorno y esos empujones que motivan a levantarse.
Desconozco los límites entre lo que es ficción y realidad de esta obra adaptada del libro “Frida, c’est moi” de Sophie Faucher, pero el mensaje de resiliencia es claro, y no se trata de ver la vida con como un arcoíris, sino que de darse el tiempo de estar mal, pensar, recibir ayuda y aprender. Esta película nos habla bastante de la introspección y el perdón. Aquello dejará más de una enseñanza a todo aquel que la vea.
¿Cómo hablamos de la muerte?
Algo clave de esta película es la presencia de la muerte, a través de la figura de la Catrina. Ella busca constantemente llevarse a Frida, pero su alma lucha por permanecer, sabe que aún tiene mucho que dar al mundo terrenal. Mientras observaba esto, me pregunté: ¿cómo hablamos a niños sobre muerte y enfermedad? Creo, que en esta ocasión, la narración aborda muy bien estas problemáticas. La imagen y la personificación son clave y la postura de la protagonista, también, se normaliza como lo que es, algo natural, pero de lo que se quiere escapar. Al fin y al cabo no existiría la vida, sin la muerte. Aunque es importante mencionar que es una temática bien explorada por otras producciones mexicanas infantiles.
En conclusión…
Una animación simple y que rescata aquellos aspectos tradicionales de la cultura mexicana. A veces recuerda un poco al estilo de “Persépolis”, pero claro, no es lo mismo (además, esta está llena de color). Abundan los planos medios y conjuntos, lo que por momentos es algo repetitivo. Música de guitarra clásica y mariachis, que es lo que uno esperaría. En general, pasa bien. Lo que más encanta, en mi caso, es la ilustración, el color y la presencia de los animales que se involucran en la trama.
Buena alternativa si se quiere ver algo novedoso y educativo; si tuviera que describirla en una sola palabra, diría: resiliente. Es interesante descubrir esa etapa joven de una de las mujeres más importantes de la cultura y pintura mexicana, no solo por su estilo, sino por su rebeldía vanguardista. También vemos cómo se relaciona con el arte desde pequeña y la influencia de sus padres. Aun así, esta podría fácilmente no ser una historia sobre Frida, así que no esperes un bombardeo de su biografía, piénsalo como una historia oculta. Ideal para todo público, en especial los más pequeños, si quieres mostrarle algo sano, liviano y con sentido. Es difícil tratar temas como la muerte, la enfermedad, el bullying y la tristeza cuando se trata de niños, pero esta película lo logra hacer a través de secuencias impregnadas de color y simbolismos, da soluciones y nuevas perspectivas que pueden ayudar a comprender cómo afrontamos la vida.













