Hay territorios en los que la verdad dejó de ser un derecho y se convirtió en un artefacto administrado por quienes gobiernan. En esos lugares, la información circula deformada, amplificada o reducida según el interés del día, mientras las minorías conviven con el peso del exilio o la clandestinidad. Cuando el poder instala un discurso único, cualquier voz disidente se vuelve una amenaza. Un grupo puede pasar de vecino a enemigo en cuestión de titulares. Aun así, muchos prefieren continuar en silencio, más por cansancio que por convicción: luchar desgasta, obedecer garantiza una paz frágil. No hay héroes ni villanos, solo personas intentando existir en un orden que no les pertenece.
Ese clima se siente familiar porque lo es. El mundo atraviesa una era donde la manipulación informativa sostiene equilibrios incómodos, donde la mentira opera sin consecuencias visibles. Podríamos cerrar los ojos e imaginar cualquier país contemporáneo. Pero no. Hablamos de Oz. Ese es el paisaje donde se instala Wicked for Good, la segunda parte de la adaptación dirigida por Jon M. Chu, y es ahí donde emerge Elphaba, dispuesta a dar cara a un sistema que necesita que ella sea la villana perfecta.

No hay hogar, como el hogar…dicen.
En Mundo Películas vivimos Wicked for Good desde la escala que se merece: premiere en Londres, donde compartimos con el elenco, premiere en Ciudad de México, alfombras internacionales, luces, cámaras y toda la maquinaria del hype global funcionando a nuestro alrededor. Y bueno, en Chile… ¡Ay Chile! Acá no pudimos ser parte de la premiere oficial (cosas que pasan… creo), pero sí alcanzamos a entrar a un modesto preestreno que nos permitió escribir esta reseña. Igual nos sentamos en la fila de adelante para imaginarnos como verla en IMAX sería una toda una experiencia. Ya instalados, encaramos las 2 horas y 17 minutos de un espectáculo visual construido para verse en grande, con ambición operática y energía suficiente para sostener la travesía.
En esta segunda entrega, Wicked for Good retoma la historia en el punto exacto donde quedó la primera parte. Elphaba es perseguida, estigmatizada y convertida en la antagonista perfecta para mantener el orden en Oz. Glinda (Ariana Grande) asciende como figura pública impecable mientras intenta sostener su propia fractura interna. La opresión a los Animales se intensifica, la propaganda del Mago se vuelve más agresiva y los engranajes del destino comienzan a alinearse con los eventos que conocemos de El mago de Oz. Dorothy, el Hombre de Hojalata, el León y el Espantapájaros entran en escena desde rincones inesperados, aunque no siempre con el desarrollo que prometen.
Ninguna buena acción queda sin castigo.
La película abre con un tema potente: los derechos de quienes literalmente iban perdiendo la voz. La situación de los animales y la violencia simbólica que enfrentan resultan conmovedoras, claras y políticamente pertinentes. En ese inicio, Wicked for Good parece dispuesta a instalar un discurso frontal sobre manipulación mediática, exclusión y construcción de enemigos públicos. La película insinúa un relato más decidido sobre el uso del miedo como herramienta política y sobre la fragilidad de las minorías en sistemas autoritarios. Sin embargo, ese impulso inicial se diluye a medida que avanza. El film sugiere, insinúa y retrocede, casi como si temiera adentrarse más allá del tono cómodo del musical original.
Esa vacilación convive con el gran problema estructural de la película: una ambición enorme con una ejecución que no siempre logra sostenerla. El guion intenta cerrar todos los cabos pendientes del musical y, al mismo tiempo, sincronizar la narrativa con la línea histórica de El mago de Oz. Esa doble misión tensiona el relato de principio a fin. Varias subtramas entran con fuerza y se esfuman con rapidez; personajes que podrían sostener escenas memorables desaparecen antes de consolidar su arco; y algunas resoluciones avanzan sin el desarrollo necesario para que su impacto sea real. La llegada de Dorothy es el ejemplo más claro: un momento crucial para la mitología de Oz que, en pantalla, funciona como un trámite más que como la consecuencia orgánica del conflicto. Su presencia importa, pero la película la integra con la urgencia de un checklist narrativo, no con la potencia dramática que uno esperaría.

Emoción X2
Los arcos emocionales también sufren interrupciones constantes. Elphaba avanza con firmeza hacia la figura pública que la sociedad necesita convertir en villana, pero su plan final se acelera de un modo que deja ver algunas costuras. Glinda, por su parte, atraviesa un ascenso político complejo, cargado de tensiones internas, aunque el guion la abandona durante tramos completos que diluyen el peso de su crisis. Nessa, protagoniza uno de los momentos más trágicos de la historia, pero la película lo despliega sin el tiempo emocional que exige una escena de ese calibre. Todo parece estar ahí, aunque a veces en «x2”
Aun así, Wicked for Good consigue sostenerse gracias a su desbordante despliegue visual y a su elenco. El diseño de arte y el vestuario alcanzan un nivel asombroso (huele a un Oscar), con secuencias que se sienten directamente extraídas de un espectáculo operático. Cynthia Erivo construye una Elphaba intensa, vulnerable y contundente. Ariana Grande sorprende con una Glinda matizada, más compleja de lo que muchos esperaban. Y Jonathan Bailey aporta presencia, carisma y un nivel interpretativo que eleva cada escena en la que participa. Incluso cuando el guion pierde equilibrio, ellos sostienen la película con talento de sobra.
Wicked for Good: desafiando la gravedad
La propuesta de Wicked for Good combina un trasfondo político atractivo, una puesta en escena monumental y un elenco que lo da todo con cada matiz emocional. La película no siempre desarrolla sus ideas con la convicción que insinúa, y su estructura revela tensiones que no logran concretarse. Aun así, logra un cierre emotivo, visualmente fascinante y con suficiente fuerza para mantener viva la conversación en torno al universo de Oz.
Si pueden, véanla en IMAX y disfruten de sus aciertos e imperfecciones. Ya veremos si el futuro de este universo decide volver a visitarnos desde un camino amarillo renovado en una nueva versión de El Mago de Oz. Y si eso ocurre, ahí estaremos reportando, incluso si volvemos a quedar fuera de la premiere en Chile. “No hay hogar, como el hogar»… dicen.
Wicked for Good se estrena el 20 de noviembre en cines.












