Jurassic World Rebirth: Cuando los dinosaurios dominaron’t la Tierra

El renacimiento de una franquicia con olor a extinción.

¿Cuándo una historia debe terminarse? ¿Cuándo una franquicia debe tener la decencia de decir «this is enough!»? Me demoré en escribir la reseña de Jurassic World Rebirth porque realmente quería digerir lo que vi, esperando encontrar algo que justificara su existencia. Y es que hay algo irónico en que una película que habla sobre criaturas que deberían estar extintas nos haga reflexionar sobre franquicias que, precisamente, deberían seguir el mismo destino. En fin…En Mundo Películas te contamos qué nos pareció esta séptima entrega de una franquicia que ya debería optar por extinción.

La trama

La cinta arranca cinco años después de Dominion, los dinosaurios ya no pueden sobrevivir en el mundo moderno, por lo que solo existen en «zonas ecuatoriales restringidas” para su existencia. Una farmacéutica necesita ADN de tres especies prehistóricas para crear un medicamento revolucionario contra enfermedades cardíacas, porque aparentemente ahora los dinosaurios son la cura. Zora Bennett (Scarlett Johansson), una «experta en operaciones encubiertas» que debe liderar esta misión imposible junto al paleontólogo Henry Loomis, (Jonathan Bailey) y un equipo que incluye a Duncan Kincaid (Mahershala Ali) y otros personajes que en realidad no vale la pena ni nombrar. 

Naturalmente, la expedición sale mal. Durante la ruta se topan con una familia náufraga en la isla prohibida de Saint-Hubert, donde InGen aparentemente tenía otro laboratorio secreto (porque Hamond “No reparó en gastos). Lo que sigue es el manual de supervivencia prehistórica de siempre: gente corriendo de dinosaurios, gente siendo devorada por dinosaurios, y gente tomando decisiones increíblemente estúpidas que garantizan más encuentros con dinosaurios. 

El villano principal es el «Distortus rex», un T-Rex mutante de seis extremidades que escapó hace 17 años (gracias a un error del cual no tengo palabras) y que representa todo lo que está mal con esta franquicia: la necesidad compulsiva de crear algo «más grande y más aterrador» cuando lo que realmente necesitamos es algo más inteligente o en su defecto, con más corazón. 

Ni un poco de esfuerzo

Lo más revelador de Jurassic World Rebirth es cómo sus propios protagonistas parecen hastiados de estar ahí. Scarlett Johansson y Mahershala Ali, dos actores de indudable talento, entregan sus líneas con una sonrisa que parece decir «¿en serio me están pagando por esto?». Su falta de convicción es tan palpable que resulta imposible conectar emocionalmente con sus personajes o creer en la urgencia de su misión.

El guion, en un intento desesperado de autoconciencia, incluye líneas sobre cómo «la gente está cansada de dinosaurios» y quiere «más espectáculo» como para justificar el porqué la estamos viendo. Frases que suenan como si hubieran sido extraídas directamente de algún estudio Focus Group. Claramente una mala lectura… Desde mi vereda, lo que realmente queremos los fans de los dinosaurios, no son «más dinosaurios», sino es volver a sorprendernos y reaccionar como lo hace el personaje de Jonathan Bailey al verlos por primera vez. Y aquí es donde Jurassic World Rebirth falla estrepitosamente: no logra crear ni el asombro ni el terror que caracterizaban a las primeras entregas.}

En medio de este desastre narrativo, Jonathan Bailey emerge como la única luz en la oscuridad. Su Dr. Henry Loomis es el único personaje que sostiene con genuino entusiasmo aquellas cosas que nos enamoraron originalmente de la franquicia. Cuando Bailey ve un dinosaurio por primera vez, su asombro es auténtico y contagioso. Bailey entiende algo que el resto de la película olvida: que la magia de Jurassic Park nunca fue solo sobre los dinosaurios, sino sobre la capacidad humana de asombrarse ante lo imposible. Su interpretación nos recuerda lo que hemos perdido en estas secuelas interminables.

Copiando la fórmula con ChatGPT

Uno de los elementos que tampoco me gustaron fue la familia Delgado, personajes diseñados para generar empatía pero que no logran su cometido. Reuben y sus hijas Teresa e Isabella están escritos con tal superficialidad que su presencia se siente como un obstáculo narrativo más que como un elemento emocional. A esto se suma el absurdo de que, como parte de la trama, se encontraran paseando tranquilamente en una zona mundialmente conocida como restringida.

La película trata desesperadamente de hacernos sentir algo por estos personajes. Incluso el intento de crear un vínculo emocional a través de «Dolores», el pequeño Aquilops que adopta Isabella, se siente manufacturado y manipulativo. Su escritura genérica los convierte en avatares vacíos que la franquicia insiste en incluir, sin entender que lo que hacía funcionar a los personajes originales era su especificidad y autenticidad, no su función como meros dispositivos de trama.

Guiños que no funcionan

David Koepp regresa como guionista después de 28 años, trayendo consigo referencias a las novelas originales y guiños a las primeras películas. La secuencia de la balsa con el T-Rex, extraída directamente del libro de Michael Crichton, debería ser un momento cumbre de nostalgia y terror. En cambio, se siente como un recordatorio de por qué algunas ideas funcionan mejor en papel que en pantalla. Los homenajes visuales a Spielberg, particularmente las referencias a Tiburón, son tan mal ejecutados que resultan embarazosos más que emotivos.

¿Veredicto final?

Jurassic World Rebirth cruza una línea peligrosa. Ya no puede reclamar el beneficio de la duda como una de esas películas donde puedes «apagar el cerebro y pasar un buen rato viendo cine de acción y monstruos». Es una película fundamentalmente olvidable, un producto manufacturado que carece del alma que alguna vez animó a esta franquicia.

Las tres entregas anteriores de Jurassic World ya habían sido decepcionantes, pero esta lo es aún más porque llega con la promesa de un «regreso a las raíces» que nunca se materializa. Los $334.2 millones recaudados en taquilla pueden atribuirse más al entusiasmo residual que le tenemos a la franquicia que a los méritos de la película en sí misma.

Si lo que buscas es ver dinosaurios generados por computadora en su «ambiente natural», Rebirth cumple técnicamente con ese requisito básico. Los efectos de Industrial Light & Magic a ratos parecen funcionar. Pero si lo que esperas es una experiencia cinematográfica que justifique la existencia de una séptima película de esta saga, te vas a quedar esperando.

Jurassic World Rebirth es la prueba viviente de que algunas historias simplemente deben saber cuándo terminar. Es hora de que esta franquicia tome su propio consejo y se extinga con dignidad, antes de que continúe erosionando el legado de una película que alguna vez cambió el cine para siempre.

P.D. Ese maldito Snicker…

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