Superman: el regreso de los superhéroes de antes

James Gunn pone a prueba nuestra fe en los héroes de siempre.

Finalmente llegó a los cines. Superman regresa de la mano de James Gunn tras años de turbulencias en el cine de superhéroes. No solo en el Universo DC, sino en general. El mismo Universo Cinematográfico de Marvel también atraviesa una crisis similar, con series que no conectan y películas completamente olvidables. Sin embargo, Gunn nos devuelve a las bases del heroísmo como una evolución necesaria del mito más icónico de los cómics. En esta reseña de Superman, desde mi trinchera en Mundo Películas, les compartiré mis impresiones sobre esta nueva película del Hombre de Acero, y afírmense porque quedó algo extensa.

Contexto: de la inspiración al agotamiento

Para entender el significado de esta nueva iteración de Superman, es necesario reconocer el viaje que ha experimentado el cine de superhéroes en las últimas décadas. Lo que comenzó como una celebración de valores heroicos claros —donde el bien y el mal tenían fronteras definidas y los héroes inspiraban a través del ejemplo— se transformó gradualmente en algo más complejo, más oscuro y, en muchos casos, más caótico.

Por un lado, Marvel Studios, tras años de dominancia, comenzó a mostrar signos de fatiga creativa. Series fallidas como Secret Invasion o She-Hulk, películas apresuradas con efectos especiales cuestionables, y un agotamiento narrativo evidente en producciones como Captain America: Brave New World o Thor: Love and Thunder demostraron que incluso la fórmula más exitosa puede volverse predecible y vacía cuando se abusa de ella.

Por otro lado, DC, en un intento de diferenciarse del modelo Marvel Studios, apostó por una dirección diametralmente opuesta. Zack Snyder intentó dotar a los héroes emblemáticos de DC con un realismo político que, si bien tenía mérito conceptual, terminó por alejarlos de su esencia fundamental: lo que significa ser un superhéroe. El optimismo heroico se convirtió en una reliquia del pasado. El resultado fue un universo cinematográfico que, aunque visualmente impresionante, carecía del corazón que hacía que estos personajes fueran verdaderamente significativos o incluso queribles, fatigando incluso a los más fanáticos.

¿El salvador de un nuevo universo?

El Superman de Gunn llega como una respuesta consciente a esa fatiga, pero no sin sus propias contradicciones. A mi juicio, la película adolece de cierta inconsistencia tonal. El humor, marca registrada del director, a veces resulta inadecuado, con chistes que aparecen justo cuando la narrativa podría haber encontrado su peso dramático, creando la sensación de que el film teme tomarse completamente en serio.

Sin embargo, esta aparente debilidad puede leerse también como una fortaleza. En una era donde el entretenimiento se ha vuelto excesivamente solemne o cínicamente superficial, quizás necesitábamos un superhéroe capaz de reír sin perder su humanidad, de ser ligero sin volverse frívolo.

La cinta logra recuperar esos espacios perdidos, con escenas fantásticas y completamente desconectadas de la realidad, que nos devuelven los actos heroicos de antaño. Aunque estos estímulos ocasionalmente pueden resultar agotadores —como la saturación de personajes que, pese a estar sólidamente interpretados, podrían ser intercambiables sin alterar sustancialmente la narrativa central—, como declaración de intenciones para un universo expandido resultan esenciales.

La humanización de un Dios

Lo que sí funciona de manera extraordinaria en la película es su comprensión de qué hace humano a Superman. David Corenswet logra algo que Henry Cavill, pese a su físico impecable, nunca consiguió completamente: hacer que Superman se sienta como alguien en lugar de algo.

Hace poco conversábamos sobre esto con mi amigo Camilo, el hecho de que uno de los actos más humanos que tiene Superman es precisamente no intervenir en ciertos conflictos humanos. Al abstenerse de imponer su criterio moral o político en situaciones complejas, Superman respeta nuestra autonomía como especie, aun cuando eso signifique permitir que «nos matemos entre nosotros».

La película de Gunn hace algo diferente y más arriesgado: presenta a un Superman que sí cruza esa línea. Su intervención en el conflicto entre Boravia y Jarhanpur constituye una declaración filosófica. Este Superman entiende que hay principios universales —la protección del inocente, la lucha contra la opresión— que trascienden la política y que justifican la acción, incluso cuando esta sea controvertida.

Esta decisión narrativa resulta fascinante porque le otorga a Superman un carácter diferente y necesario. Aun sabiendo lo que es capaz de hacer, aun conociendo ciertos aspectos que lo enfrentan a su misión en la Tierra, Superman decide entregarse como un servidor de la humanidad. Es un acto de libre albedrío que lo hace más heroico que cualquier demostración de fuerza.

La dualidad del héroe

En esta entrega, Gunn nos aleja del «Superman Dios en la Tierra». Este es un Superman vulnerable —a ratos, quizás demasiado— pero esa vulnerabilidad es precisamente lo que lo hace relevante.

Cuando Superman duda, cuando es criticado, cuando el mundo se vuelve contra él, no reacciona con arrogancia divina sino con una humildad profundamente humana. Se entrega voluntariamente al gobierno cuando el mundo cuestiona sus motivos. Permite que lo interroguen, que lo juzguen. Es un Superman ciudadano antes que un Superman salvador, y esa distinción resulta crucial.

Esta caracterización responde a una necesidad cultural profunda. En una época donde las figuras de autoridad han perdido credibilidad, donde el poder se ejerce sin transparencia y donde la confianza en las instituciones se ha erosionado, necesitábamos un héroe que entendiera que el verdadero poder viene de la rendición de cuentas, no de la imposición.

El regreso de las historias de superhéroes

Quizás el logro más significativo de la película sea su capacidad de reconquistar a uno de los grupos más difíciles de complacer: los fanáticos de los cómics. Estos guardianes del lore, que han visto innumerables adaptaciones fallidas de sus personajes favoritos, encontraron en la versión de Gunn algo que las iteraciones anteriores no lograron: respeto por la esencia del personaje sin sacrificar la relevancia contemporánea.

Esto no es casual. Gunn entendió que no bastaba con hacer una película visualmente espectacular o emocionalmente manipulativa. Tenía que crear algo que fuera genuinamente esperanzador sin ser ingenuo, optimista sin ser ciego a las complejidades del mundo real.

Después de casi dos décadas de intentos fallidos, el Superman de Gunn llega en forma de historieta viviente. Es ver un cómic en movimiento. Una película que quizás peca por sus convenientes narrativas, su humor ocasionalmente discordante y su saturación de personajes, pero que es necesaria y, más importante aún, cumple con lo que promete: una nueva interpretación de Superman que nos invita a creer nuevamente en la posibilidad de la bondad.

Superman nos reintroduce en un universo cinematográfico reconocible, pero reconstruido desde sus cimientos. Un escenario donde los héroes de siempre regresan con nuevas motivaciones y miradas renovadas. Y eso entusiasma. Porque por fin somos testigos de una evolución largamente esperada: ver a estos íconos transformarse, redefinirse y, llegado el momento, morir con un peso simbólico muy distinto al que conocíamos—más profundo, más brutal, más inolvidable.

La «S» sigue siendo «Esperanza»

La película de Gunn es, en última instancia, una declaración de que «la bondad humana básica es un valor» y que «es algo que hemos perdido». En un mundo que ha confundido el cinismo con la sofisticación y la crueldad con la honestidad, Superman sugiere algo radical: que ser bueno no es ingenuo, es valiente.

Esta es una película recomendada, aunque mi entusiasmo sea mesurado. Superman logra algo importante en el contexto actual: restaurar la posibilidad de que el cine de superhéroes vuelva a inspirar sin condescendencia, a emocionar sin manipulación y a ser honesto consigo mismo.

Después de años de héroes quebrados, dioses melancólicos y salvadores reluctantes, Gunn nos devuelve algo que creíamos perdido para siempre: un Superman que elige ser héroe por la simple convicción de que hacer el bien importa. En una época donde la esperanza se ha vuelto un artículo de lujo, esta película nos recuerda que nunca es demasiado tarde para volver a creer en ella.

El kryptoniano ha regresado a casa y ya se encuentra disponible en todos los cines del país.

Bienvenido, Clark.

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