El cine chileno vuelve a tomar protagonismo con Cuerpo Celeste, el nuevo estreno de Nayra Ilic García que llega a salas el 23 de abril. Una película que pone sobre la mesa algo que define al país: la emocionalidad, los vínculos y esa necesidad constante de ser escuchados.
Ambientada en 1989, en los últimos años de la dictadura en Chile, la historia comienza con una familia que se reúne en el desierto del norte para celebrar Año Nuevo. Un contexto cargado de simbolismo: esperanza colectiva, pero con un miedo todavía latente. Esa calma inicial se rompe abruptamente con la muerte, detonando un relato íntimo sobre cómo una familia enfrenta la pérdida.
Para su directora, este contexto no es solo un marco temporal, es el corazón del relato. Como nos señaló Nayra Ilic García en una entrevista a Mundo Películas: “Es un periodo de transición… como la adolescencia, ocurre una sola vez y para siempre.”
Una narrativa que rompe la estructura clásica
A diferencia de otras producciones más tradicionales, Cuerpo Celeste juega con su ritmo narrativo. Mantiene una base estructural reconocible, pero introduce quiebres tempranos que desordenan la experiencia del espectador. Esta decisión no es casual: busca reflejar emocionalmente el impacto de la tragedia.
Esa lectura se confirma desde la propia interpretación actoral. Daniela Ramírez lo describe con claridad: “Es muy loca la película… a veces uno siente que te quitan todo, y eso es lo que quiere la película también.”
Actuaciones que sostienen el relato
La película se centra en el vínculo entre madre e hija, interpretadas por Daniela Ramírez y Helen Mrugalski. Desde ahí se construye un conflicto transversal: adolescencia, identidad y necesidad de validación.
Pero aquí hay una decisión interpretativa relevante: el foco no está en el lucimiento individual. La propia Ramírez lo plantea desde una lógica más estratégica que emocional: “Yo estoy contando una historia… soy facilitadora de que esa historia se cuente.”
El elenco se complementa con nombres como Néstor Cantillana y Mariana Loyola, quienes aportan solidez a un relato que se mueve entre lo íntimo y lo colectivo.
Nostalgia, historia y memoria chilena
Uno de los elementos más potentes de la película es su carga simbólica. La inclusión del himno “Chile, la alegría viene”, compuesto por Jaime de Aguirre, conecta directamente con el contexto político de la época y refuerza el tono emocional de la historia.
Aquí no hay nostalgia vacía. Hay una intención clara de conectar pasado y presente. Como plantea Nayra Ilic García: “Es importante conectarnos con nuestra memoria, con quienes hemos sido y con quienes estamos siendo como país.”
El paisaje como narrativa
El desierto del norte de Chile no es solo escenario, es parte del relato. La fotografía destaca por capturar la magnitud y belleza del territorio, generando un contraste potente con el conflicto interno de los personajes.
Desde la experiencia en rodaje, Daniela Ramírez lo describe desde lo sensorial: “El desierto… uno puede escucharse a sí mismo, escuchar el silencio… es muy heavy.”
Y desde la dirección, el lugar tiene una carga aún más profunda: no es solo paisaje, es memoria. Un territorio donde conviven belleza, historia y huellas de lo que ocurrió como país.
Vestuario y reconstrucción de época
La ambientación en los años 80 y 90 está bien ejecutada, especialmente en el vestuario. Hay una reconstrucción visual coherente que aporta credibilidad y refuerza la experiencia nostálgica, sin caer en caricaturas.
Una película para conectar
Cuerpo Celeste funciona desde la emoción. No busca complejizar su mensaje ni instalar una lectura densa. Su propuesta es clara: generar conexión a través de experiencias universales como la pérdida, la familia y la memoria.
Y ahí está su mayor acierto. Como resume Nayra Ilic García: “El cine se vive… es una experiencia que continúa después de verla y conversarla.”
Desde una lógica estratégica, es cine chileno que entiende su identidad y la pone en valor. Y en un contexto donde la conversación cultural necesita más profundidad, eso ya es una toma de posición.
Entrevista: Paz Barahona.













