Hay películas que utilizan a los animales como compañía para sus protagonistas humanos. Criaturas luminosas toma un camino distinto. Desde muy temprano, la sensación es que el pulpo Marcellus no está ahí para acompañar una historia, sino que la historia existe en parte para que nosotros lo observemos a él.
La película sigue a Tova, una mujer marcada por la pérdida que trabaja en un acuario y cuya rutina parece haberse convertido en una forma de sobrellevar la ausencia. Sin embargo, gran parte de la atención termina concentrándose en Marcellus, un pulpo extraordinariamente inteligente que habita uno de los estanques del recinto. A través de sus observaciones y de su relación con quienes lo rodean, la película construye una reflexión inesperadamente sensible sobre los animales y la manera en que solemos percibirlos.
Lo interesante es que Criaturas luminosas no cae en la tentación de humanizar excesivamente a su protagonista marino. No intenta convencernos de que piensa exactamente igual que nosotros ni transforma su comportamiento en una caricatura. Lo que hace es mucho más efectivo porque nos recuerda que existe una inteligencia distinta a la humana, una forma diferente de experimentar el mundo, que no por ser diferente es menos compleja.
Durante años la humanidad se acostumbró a mirar a los animales desde una posición de superioridad. Se les observa en zoológicos, acuarios o parques marinos como si fueran parte de una exhibición diseñada para nosotros. La película pone esa lógica en cuestión sin necesidad de discursos ni consignas. Basta con observar a Marcellus desplazarse por su espacio, reaccionar a lo que ocurre a su alrededor y demostrar una curiosidad constante por el mundo exterior para que aparezca una pregunta inevitable: ¿qué significa realmente mantener a un ser así encerrado? Marcellus solo quiere su libertad.
Esa sensación atraviesa buena parte de la película. Aunque el cautiverio nunca se convierte en un tema explícito, está presente en cada rincón del relato. Marcellus vive protegido, alimentado y cuidado, pero sigue existiendo una distancia enorme entre sobrevivir y vivir. La película parece entender que ambas cosas no son necesariamente lo mismo.
Quizás por eso algunos de sus momentos más emotivos no tienen que ver con los grandes giros argumentales, sino con instantes mucho más pequeños: una mirada, una reacción, una muestra de curiosidad. Son escenas que funcionan porque apelan a algo que la ciencia lleva años intentando demostrar y que muchas personas ya intuían, que los animales poseen vidas interiores más complejas de lo que solemos admitir. Tienen memoria, resuelven problemas, desarrollan vínculos y responden emocionalmente a su entorno.
En el caso de los pulpos, esa idea resulta todavía más fascinante. Son criaturas radicalmente distintas a nosotros desde el punto de vista evolutivo y, aun así, exhiben niveles sorprendentes de inteligencia. Criaturas luminosas aprovecha esa particularidad para construir una historia donde la empatía surge precisamente de las diferencias. No conectamos con Marcellus porque sea como nosotros, sino porque entendemos que también tiene deseos, necesidades y una forma propia de habitar el mundo.
La película encuentra ahí sus momentos más poderosos. No cuando intenta resolver los conflictos humanos, sino cuando invita a detenerse y observar a una criatura que normalmente miraríamos detrás de un vidrio durante unos segundos antes de seguir caminando, o que algunos incluso ponen en sus platos. Hay algo profundamente melancólico en esa idea, porque la posibilidad de que tantos animales pasen gran parte de sus vidas siendo observados sin que realmente intentemos comprenderlos y sin entender el maltrato, es realmente frustrante.
Después de ver Criaturas Luminosas, resulta difícil volver a pensar en los acuarios, zoológicos o espacios de exhibición animal exactamente de la misma manera. No porque la película adopte una postura militante, sino porque logra despertar la empatía suficiente para preguntarnos cómo experimentan ellos una realidad que siempre hemos descrito desde nuestra perspectiva.













