Alberto Sordi en cuatro películas. Parte I.

Mundo Películas

Un americano a Roma (1954)

Dirigida por Steno, la película lleva al extremo la idea de americanización y de trasposición identitaria en la clase media italiana. Sordi encarna a Nando, un romano que vive en un departamentito en Trastevere, completamente obsesionado con el sueño americano y las películas yankees. Repite diálogos de los films y los incorpora en su vida cotidiana. Su existencia gira en torno a un único objetivo: viajar a Estados Unidos y formar parte del “mejor pueblo del mundo”. Se trata de una sátira brillante, que critica a una sociedad que gradualmente abandona sus costumbres y su lenguaje, dejándose atomizar por el imperio que les dio la “libertad”.

Il vedovo (1959)
La película, dirigida por Dino Risi, está protagonizada por Sordi, quien encarna a Alberto Nardi, un romano convertido en burgués oportunista, obsesionado con “enviudar”: es decir, desear la muerte de su esposa milanese (Franca Valeri) para quedarse con su herencia. A lo largo de la trama, Nardi atraviesa todo tipo de situaciones; cuando cree que su esposa ha muerto, él ya ha despilfarrado su dinero, cerrado negocios y planificado nuevas inversiones. Sin embargo, nada sale como lo esperaba y los acontecimientos toman un giro inesperado. La película no solo critica la lógica del “vale todo” en la ambición económica, sino que también cuestiona cómo, dentro del patriarcado, las mujeres son aceptadas mientras resulten funcionales a un objetivo; una vez que dejan de serlo, parece que todo está permitido, incluso planificar su muerte. El film se inspira en un hecho real conocido como “Il mistero di via Monaci” o “caso Fenaroli”, ocurrido apenas un año antes de su estreno.

Un italiano in America (1967)

Dirigida por Alberto Sordi y co-protagonizada junto al inigualable Vittorio De Sica, la película parece dialogar con aquella de trece años antes. Salvando las distancias, aquí Sordi interpreta a Giuseppe Marossi, un hombre sencillo que trabaja en una estación de servicio. Su vida transcurre tranquila, cuenta con un buen amigo y pasa el tiempo sin mayores sobresaltos, hasta que llega un auto con la noticia de que su padre, a quien creía muerto, está vivo en Estados Unidos y quiere encontrarse con él al día siguiente en un estudio de televisión. El padre de Giuseppe, Lando (Vittorio De Sica), lo abandonó cuando era chico, dejando a su mujer sin explicaciones: “vuelvo pronto”, tomó las llaves y se fue. Ahora, Lando busca reincorporarse a la vida de Giuseppe. En apariencia, es un hombre poderoso, exitoso en los negocios internacionales, algo frívolo y nada afectuoso con su hijo. A lo largo de la película, se van viendo las grietas, el ideal norteamericano se va desmoronando gradualmente. La obra utiliza el humor para mostrar cómo la migración italiana en Estados Unidos no siempre cumple el american dream. Es, también, una comedia que señala, con sutileza y mordacidad, el doble juego de los sueños y el papel del padre narcisista en una sociedad marcada por la americanización.

Le vacanze intelligenti  (1978)
Dirigida y protagonizada por el propio Alberto Sordi, esta película es la tercera entrega de la trilogía Dove vai in vacanza?, precedida por Sarò tutta per te de Mauro Bolognini y Sì buana de Luciano Salce. En esta ocasión, Sordi y Anna Longhi interpretan a una pareja que trabaja en el mercado frutícola. Con una educación modesta, representan a la Roma popular: aquellos que esperan ansiosos los días de vacaciones para tirarse panza arriba en la playa más cercana, comiendo panini bajo la sombrilla y apoyando los pies en la heladerita con tapa. Son padres humildes y trabajadores, orgullosos de sus hijos, a quienes han visto crecer y formarse gracias a su propio cuero; pertenecen a la primera generación universitaria de la familia. Sin embargo, los jóvenes, algo snobs, intentan “educar” a sus padres, aunque con poco éxito. Para lograrlo, organizan ellos mismos las vacaciones, imponiendo necesidades alimenticias específicas y recorridos intelectuales por museos y sitios históricos. Al finalizar la visita a la Biennale di Venezia, la madre (Anna Longhi) se queda dormida en una silla, y los presentes la confunden con una obra de arte contemporáneo expuesta en el museo. La escena es maravillosa.
La película funciona como sátira del intelectual de pacotilla que, por vergüenza clasista, evita relacionarse con sus padres en presencia de amigos extranjeros. Aunque puede pecar de cierta idealización de la humildad, es sumamente divertida y constituye una excelente estampa de época, mostrando cómo se vivían las vacaciones en Italia durante la década del ’70.

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