En la cinta, Davis encarna a Danielle Sutton, mandataria estadounidense que se convierte en el blanco principal tras un ataque a la cumbre del G20. Obligada a actuar sola, Sutton deberá sobrevivir, proteger a su familia y salvar a los líderes mundiales… todo mientras redefine lo que significa ser una mujer en el poder.
Dirigida por Patricia Riggen, G20 mezcla acción, tensión política y drama familiar con una protagonista que desafía estereotipos del cine de acción. Rodada en Sudáfrica, con escenas intensas y realismo físico, la película ofrece una mirada fresca al género desde una perspectiva diversa y empoderadora.
El elenco lo completan Anthony Anderson, Marsai Martin, Ramón Rodríguez, Douglas Hodge, Elizabeth Marvel, Sabrina Impacciatore, Christopher Farrar y Antony Starr, quien da vida a un villano tan carismático como letal.
Para Davis, este proyecto es más que entretenimiento: “Quiero que las mujeres vean que no hay límites. Que se sientan capaces de todo”, declaró en conferencia de prensa.
¿Cómo fue interpretar a una presidenta de EE.UU. enfrentada a una crisis de escala global?
— Fue uno de los mayores desafíos de mi carrera, porque no solo tenía que liderar desde lo simbólico, sino también desde lo físico. Danielle Sutton es una mujer que está atravesando una situación extrema, en soledad, y no tiene margen de error. Eso me permitió explorar la dualidad de lo que significa ser mujer en el poder: no quise interpretarla como una superheroína, sino como una mujer real, con miedos, con límites, con vulnerabilidad, pero con la determinación de hacer lo correcto a toda costa. Eso es lo que la hace fuerte.
¿Qué te atrajo del personaje de Danielle Sutton?
— Me atrajo que no es una caricatura. No es la presidenta perfecta ni la figura dura que lo resuelve todo con frialdad. Es una mujer que ama profundamente a su familia, que tiene valores, pero que también está llena de contradicciones. Está bajo una presión extrema y tiene que tomar decisiones que pueden costar vidas. Y, al mismo tiempo, sigue siendo madre. Esa complejidad es algo que no vemos seguido en personajes femeninos de acción.
¿Qué tan demandante fue físicamente el rodaje?
— Brutal [ríe]. Te puedo decir que fue el papel más físicamente exigente que he tenido. Hay una escena de acción en un ascensor que me dejó días adolorida. Me arrastré por el piso, hice coreografías de combate, y en muchas escenas no usé doble. Quería que se sintiera auténtico, y la verdad es que terminé agotada. Pero también me sentí poderosa. A veces las mujeres, especialmente las mujeres negras, no tenemos la oportunidad de mostrarnos en ese tipo de roles. Y yo quise hacerlo con todo.
¿Por qué decidiste producir esta película además de protagonizarla?
— Porque no basta con protagonizar. También hay que estar en los espacios donde se toman decisiones. Cuando me llegó el guion, sentí que tenía un potencial enorme, pero quería asegurarme de que el personaje tuviera capas, de que no fuera solo una líder de acción, sino una mujer real. Además, como productora, pude participar en construir el tono de la película, elegir a Patricia Riggen como directora, y empujar la historia desde un lugar más inclusivo. Me interesa generar contenido que desafíe lo que se espera de nosotras en pantalla.
¿Qué te gustaría que el público se lleve de G20?
— Que una mujer puede ser muchas cosas al mismo tiempo: fuerte, vulnerable, protectora, poderosa, imperfecta, humana. No hay una única forma de liderar ni una única forma de ser madre. Y también quiero que las niñas, las mujeres, las personas negras, se vean reflejadas en la pantalla y digan: “yo también puedo”. No porque quieran ser presidentas o pelear contra terroristas, sino porque sepan que tienen permiso de ocupar espacios sin disculparse por quienes son.
G20 ya está disponible para ver en streaming.














