Thunderbolts*: no es otra épica película de Marvel, y por eso funciona

Con más trauma que propósito, Thunderbolts* desarma el manual del MCU y encuentra algo que Marvel había perdido hace rato: autenticidad.

Durante años, Marvel nos enseñó que para salvar al mundo hacía falta un escudo, una frase icónica, una toma cenital de grupo y una amenaza intergaláctica. Hoy, Thunderbolts* dinamita esa fórmula desde dentro. Sin portales. Sin dioses. Sin gloria. Y sin un tratamiento de salud mental adecuado. Solo un puñado de personajes de segunda fila que arrastran más culpa que convicción, obligados a colaborar por alguien que probablemente los desprecia más que el público general. A simple vista, parece una película hecha desde la sala de juntas, donde alguien dijo: “¿y si juntamos a los que sobraron y vemos qué pasa?”. Lo sorprendente es que pasa algo bueno.

El trauma como motor narrativo

Lo más radical que propone la película es no maquillar sus quiebres. Cada personaje se mueve desde la herida. Yelena —con una Florence Pugh que lleva el timón con sarcasmo, humanidad y oficio— es el corazón del grupo, aunque claramente preferiría estar en cualquier otro lado. Red Guardian (David Harbour) hace chistes (algunos buenos, otros no). Walker (Wyatt Russell) busca redención como quien busca oxígeno: desesperado, torpe, peligroso. Ghost ( Hannah John-Kamen) apenas aparece, atrapada entre el pasado y su propio cuerpo. Y Bucky (Sebastian Stan)… bueno, viste de traje. Los superpoderes son casi anecdóticos. La dinámica de grupo, disfuncional. ¿Funciona en pantalla? Sorprendentemente sí.

La dirección de Jake Schreier ejecuta con precisión esta dinámica. El guion de Johanna Kahlo (BoJack HorsemanThe Bear) mete humor seco, rareza emocional y ritmo. No hay grandes arcos de sanación ni momentos de lágrima fácil. Los personajes están rotos, sí, pero no se regodean en eso. La película simplemente los muestra avanzando sin convicción, peleando mal y tomando decisiones a medias. No hay terapia grupal. Lo que hay es puro desgaste acumulado.

Una nueva dirección para el UCM

A diferencia de las últimas producciones de Marvel, Thunderbolts* no intenta impresionar con batallas eternas ni clímax en slow motion. De hecho, su tercer acto es uno de los más curiosos del MCU: se resuelve sin explosiones, sin discursos heroicos, sin épica forzada. Y ese es justamente su mayor acierto. La película apuesta por lo íntimo, por lo incómodo, por lo que no encaja, y en ese margen encuentra su identidad.

Thunderbolts es el resultado de tenerlo todo en contra y usarlo a favor. Ni siquiera intenta parecer una gran producción; lo asume, se apoya en eso y, desde ahí, construye una historia pequeña, ácida y con una extraña dignidad. Se siente más como un nuevo comienzo para el MCU que como una secuela más en piloto automático. El tono es más oscuro y realista, las escenas de acción están contenidas, y el drama, por primera vez en mucho tiempo, no está revestido de épica vacía ni de discursos de “juntos somos más fuertes”.

El villano (y el verdadero giro)

Sin spoilers —porque vale la pena llegar virgen a ese momento—, el antagonista es un golpe narrativo que eleva todo. Poder absoluto, desequilibrio mental y una amenaza tan desproporcionada que casi se vuelve un chiste… pero no lo es. Es creíble, da miedo y expone lo ridículo de enfrentar algo así con cinco inadaptados y un par de traumas mal procesados.

Al fin buenas escenas poscréditos

Sí, hay dos escenas poscréditos. La primera es divertida, pero la segunda es el verdadero negocio. No es solo un guiño; es un punto de inflexión. El equipo adopta el nombre de “Nuevos Vengadores” y establece su base en la antigua Torre Stark. En un contexto donde The Marvels dejó un enredo y la última del Capitán America pasó sin pena ni gloria, Thunderbolts* plantea una promesa concreta: esto va para otro lado. Es, probablemente, la escena poscréditos más importante desde hace años. No por lo que dice, sino por lo que deja flotando. Y no, no diré cual es, porque spoilers.

¿Vale la pena?

Thunderbolts* no va a encabezar ningún ranking. Pero tampoco lo necesita. Es una película distinta. Más suelta. Más irreverente. Más honesta sobre sus limitaciones y, por lo mismo, más efectiva. Tiene fallas, claro. El ritmo decae a ratos y algunos personajes se diluyen. Pero está escrita por guionistas que sabían lo que querían contar. Y en un MCU que viene pidiendo aire hace rato, eso ya es mucho decir.

Thunderbolts* ya está en los cines del país.

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