Lo admito: no soy fan de la Navidad. Son contadas las películas navideñas que tolero y, cuando las veo, suele ser en cualquier fecha menos en diciembre. Este año, Netflix decidió colaborar con mi desafección festiva y me ofreció un panorama alternativo: episodios de Stranger Things – Temporada 5.
Tras una espera geológica de tres años, los hermanos Duffer regresaron el pasado 26 de noviembre con una nueva temporada, en donde sirvieron monstruos, elenco, FX y una descarga de adrenalina que encuentra su primer peak real al final del episodio cuatro (de eso hablaremos con calma). El resultado es un espectáculo de excesos, donde el presupuesto intenta sellar grietas narrativas y la nostalgia opera como arma de distracción masiva.
Y sí, admito que con los años la serie se había desinflado. Y es que pasaron demasiadas cosas en el eterno hiatus que se tomó la serie. Volver a entusiasmarse con los Goonies Gen Z no fue tarea fácil para mi.
Anyway, hablemos de la serie.
Arreglar ayer para sostener el hoy de Stranger Things
El regreso opta por una maniobra conocida: reescribir el pasado como si se tratara de una actualización tardía. Will aparece en 1983 bajo la vigilancia silenciosa de Vecna, mientras Hawkins es presentado como un pueblo sometido a una ley marcial tan decorativa como ineficaz. La radio pirata se convierte en el canal oficial para vomitar exposición que el guion evita dramatizar, dando forma a un arranque denso, verbal y quizás… poco inspirado.
La apuesta más discutible llega rápido: fingir interés por Holly Wheeler. Su secuestro busca instalar urgencia emocional donde nunca existió vínculo real. La secuencia, acompañada por ABBA, resulta tan efectiva como manipuladora y desemboca en una paliza brutal para Karen Wheeler, confirmando una regla no escrita de la serie: en Hawkins, ser madre implica riesgo vital permanente. Eleven, fiel a su historial, ignora órdenes y reinicia el eterno ciclo de la heroína solitaria caminando hacia el bosque.
Entra el cine y sale el videoclip
La temporada mejora de manera evidente cuando Frank Darabont toma el mando. El cambio de pulso se siente de inmediato: la estética de videoclip da paso a un lenguaje cinematográfico más clásico, más paciente y mejor dirigido. Derek Turnbow deja atrás su condición de caricatura funcional y se convierte en pieza clave del engranaje narrativo.
La mansión Turnbow se transforma en una trampa mortal. Holly recorre la mente de Vecna y se cruza con Max, instalada en los recuerdos reprimidos del villano. Max observa, conecta y deduce con una lucidez que deja en evidencia la inutilidad sistemática de los adultos responsables. Nada nuevo la verdad, pero aquí está bien ejecutado.
Will, al fin hiciste algo
Finalmente, Will Byers justifica su existencia. Tras años operando como receptor del trauma, abandona el rol de víctima para convertirse en el verdugo. El “hechicero” nace en una secuencia clave donde desintegra criaturas a distancia, transformando su conexión con Vecna en municiones y hechizos al estilo D&D.
Will encarna ahora una paradoja interesante: arma y herida al mismo tiempo. Esa dualidad le otorga densidad dramática y permite que la serie entienda, tras una década de dudas, qué hacer realmente con uno de sus personajes fundacionales. Pareciera ser que llegó tarde, pero siento que era necesario para el dramatismo de la temporada final.
Ya, sí… me rindo
La temporada de Stranger Things es irregular, estridente y por momentos exasperante. Aun así, me funcionó. Después de un par de capítulos volví a tomarle el ritmo (como la bicicleta). Logró algo que no daba por sentado: que personajes secundarios me importaran (te queremos, Derek Turnbow). Hay decisiones que siguen haciéndome ruido (como Eleven), pero aun así quiero que termine bien. Quiero poder decir: “¡Buena! No la cagaron”.
La experiencia enseña que las series largas tienden a tropezar justo en la meta cuando apuran el cierre. El catálogo del desastre es amplio y no hace falta invocar nombres propios (Game of Thrones o The Umbrella Academy). Por eso, acá hay deseo real: que Stranger Things cierre con dignidad.
Quiero ver a Steve feliz. A Nancy creciendo como una reportera en plan Lois Lane. A Robin viviendo su amor lésbico. Quiero ver a Eleven quedándose con Mike… no, mentira, eso no. En fin… quiero un final que no se avergüence de sus personajes.
Se viene un cierre que ojalá esté a la altura de la espera. Uno que deje ganas de volver a Hawkins en el futuro. No sé, un revival en el año 2035, ponele, cuando nosotros todos seamos ancianos y la nostalgia de esta generación sea pensar en la pandemia. Porque si algo ha demostrado Stranger Things es que el pasado siempre vuelve. La pregunta es si vuelve bien contado.

Agenda bloqueada para las fiestas de fin de año
El cierre llega fraccionado, estratégicamente instalado en medio de las fiestas, reclamando atención total.
Fechas de estreno en Chile
- Volumen 2 (Episodios 5–7): Jueves 25 de diciembre, 22:00 hrs
- Episodio final: Miércoles 31 de diciembre, 22:00 hrs
Nos vemos en el Upside Down, bitches.
Merry Xmas.












