León y Cociña exploran el esoterismo en Los hiperbóreos

El surrealismo y la estética antropomorfa que caracteriza al dúo de cineastas vuelve a los cines con Los hiperbóreos.

El surrealismo experimental, ya identitario de la dupla Cristóbal León y Joaquín Cociña, vuelve a causar revuelo en la escena cinéfila. Tras producciones como La casa lobo (2018) y el corto Los huesos (2021), ahora iluminan las salas con Los hiperbóreos, que emerge como una exhumación de las memorias del diplomático y escritor esotérico neonazi Miguel Serrano.

Como ya es costumbre, la dupla de cineastas aborda fragmentos de la historia nacional mediante una narrativa disruptiva, propia de un mundo mágico o una pesadilla, dependiendo del espectador. Esta vez, la trama gira en torno a Antonia Giesen, una actriz y psicóloga clínica que recurre a Cristóbal y Joaquín para filmar una película a partir de un guion realizado por uno de sus pacientes, el metalero.

Aparentemente, este guion fue hecho por el mismísimo Miguel Serrano, a través del cuerpo del metalero. Antonia, quien protagoniza la película (del guion del metalero), se embarca en una aventura desconcertante y sin fin, donde el Macguffin, objeto que da sentido a la historia, es una celulosa robada por un extremista, la cual contiene las memorias del escritor neonazi.

Durante una hora, todo y nada va cobrando sentido. La protagonista, víctima de la locura y obsesión de los directores, busca cómo salir de la película, pero la única salida es terminar el film.

Cabe destacar que, en Los hiperbóreos, solo actúan como personajes de carne y hueso Antonia y el metalero; todos los demás actores son interpretados mediante marionetas. Además, la escenografía está situada en su totalidad en un solo espacio. Por lo tanto, la historia transita coordinadamente en un galpón de Matucana 100.

Este mundo cinematográfico creado por León y Cociña, característico por la utilización de stop motion, las marionetas, el collage, acompañado de una producción sonora envolvente, encanta por su nivel estético, que resulta en una propuesta narrativa poco común.

El absurdismo y lo satírico de la trama se complementan con la estética visual, que por momentos genera cierta incomodidad a la vista, permitiendo al espectador transitar en una dualidad de emociones durante el transcurso de la película. Es imposible no recordar aquellas escenografías mágicas del maestro Georges Méliès o ese cine crudo y antropomorfo de Jan Švankmajer.

Sin lugar a dudas, la dupla Cristóbal León y Joaquín Cociña tiene un sello característico: experimental, innovador y arriesgado, pero sin temor al éxito. Ya consolidados en la escena, dejan expectantes a la crítica, a la espera de nuevas producciones.

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