Matapanki: una pulsión punk experimental

Calificada por Variety como una comedia dramática punk rock, y dirigida por Diego Fuentes, Matapanki — concebida originalmente como proyecto de egreso — ha logrado cautivar en festivales chilenos e internacionales, como el Festival Internacional de Cine de Berlín, donde obtuvo una Mención Especial del Jurado en la sección Generación.

Santiago de Chile, tiempos contemporáneos. Imagen granulada, en blanco y negro y formato 4:3. Música y personajes punk (de todo lo anterior, era lo único esperable). La historia sigue Ricardo (Ramon Gálvez), un joven punk que, junto a su grupo cercano, se mueve en los márgenes de una ciudad que parece no ofrecer demasiadas alternativas. Tras el consumo de un misterioso brebaje, el “matapanki”, comienzan a manifestarse habilidades extraordinarias que tensionan tanto sus vínculos como su relación con el entorno. Con un elenco mayoritariamente emergente, la película apuesta por rostros poco reconocibles que refuerzan su anclaje en lo cotidiano y en una cierta crudeza generacional. Aunque el relato se articula desde la experiencia de Ricardo, nunca abandona del todo su vocación coral, construyendo una historia donde lo individual y lo colectivo se entrelazan constantemente.

La propuesta de Matapanki se instala, desde sus primeros minutos, en un territorio donde lo político y lo simbólico dialogan con una energía poco frecuente en el cine chileno reciente. En un mundo donde las estructuras parecen imponerse con una inercia implacable, la película sugiere – casi como un gesto de resistencia – que nadie se salva solo.

Esa idea, que atraviesa todo el relato, se convierte en su mayor fortaleza. Más que una historia de superpoderes o de marginalidad, Matapanki funciona como una alegoría sobre el abandono, la rabia generacional y las formas — a veces precarias, a veces profundamente humanas — de sostenerse en comunidad. No es casual que haya tenido un recorrido destacado en festivales, incluyendo su paso por Festival Internacional de Cine de Berlín y su reconocimiento en Festival Internacional de Cine de Valdivia, donde fue premiada como Mejor Película Chilena. Hay algo en su riesgo informal, atrevido y explícitamente punkie; y en su identidad tan marcada que conecta especialmente con ese circuito.

La naturalidad de lo cotidiano en el lenguaje hablado es un reflejo reconocible de nuestro contexto sociopolítico y cultural (algo que inevitablemente recuerda a la forma en que Arelis Uribe construye mundo en Quiltras y Telepunga). En Matapanki, la oralidad —los modismos, los ritmos del habla, los garabatos dichos sin filtro— construye momentos de una autenticidad difícil de replicar. Ahí, en lo cotidiano, en lo no impostado, la película respira con mayor naturalidad y logra anclar su dimensión más fantástica en una experiencia reconocible. Sin duda, uno de sus puntos más sólidos.

Su apuesta estética también se inscribe en esa lógica: una imagen que se aleja de lo pulido, una textura que dialoga con lo punk no solo desde lo temático sino desde lo visual. Más que buscar una forma clásica, parece interesada en sostener una sensación, una energía, incluso a riesgo de desbordarse. Lo mismo ocurre con su aproximación al relato, que en lugar de explicitarlo todo, se mueve entre códigos más intuitivos, dejando espacios para que el espectador complete.

En ese sentido, la película se alinea con cierto cine contemporáneo que privilegia el gesto por sobre la precisión, la atmósfera por sobre la estructura cerrada. Y aunque esa decisión puede generar momentos de cierta distancia o desborde que arisca, también es la que le permite construir una voz propia, reconocible y, sobre todo, honesta en su intención.

Lo que queda, finalmente, es menos una historia que una sensación persistente: la de un mundo áspero, desigual, donde las posibilidades individuales parecen siempre insuficientes, pero donde aún existe, casi como último refugio, la posibilidad de lo colectivo. En esa tensión, entre derrota y compañía, Matapanki encuentra su lugar.

Me quedo con esa insistencia: la de una película que, incluso en sus desbordes, elige creer en la fuerza de los muchos.

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Matapanki se estrena este jueves 26 de marzo en cines chilenos, y puedes ver su trailer aquí:

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