Volver a ver ‘The Meyerowitz’ me recordó algo que siempre he tenido como premisa o filosofía; y es que la vida de uno es el resultado de una suma de decisiones condicionadas por las situaciones que vivimos. No solo de las decisiones nuestras, sino que también de los personajes que orbitan en el contorno de nuestra existencia. 

Diciéndole así, puede sonar filosófico o profundo, pero nada de eso, se trata de una práctica muy simple, pero nada sencilla y es la del estado consciente, preguntarse por nuestro propósito real y determinar cualquier acción a la luz de eso. 

Quiero explicar mi punto a través de un ejemplo que nos regala la película, y es que uno de sus personajes más excéntricos, Maureen, la novia-esposa de Harold, un poco más allá de la mitad del metraje, se lanza una frase que me resulta mordaz: “uno tiene una idea de sí mismo y termina aferrándose a ella”, ¡pum! 

Eso es un baldado de agua fría básicamente porque nos enfrenta a una realidad a la que muchas veces le huimos y es la de hacernos responsables de nosotros mismos. Hay que entender que las cosas no cambian porque sí, tampoco vamos a estar mejor cuando las condiciones sean las adecuadas, sencillamente porque las condiciones perfectas nunca aparecerán. Sí, aunque suene cliché y todo, hay que salir a buscarlas, a crearlas. 

Este pensamiento se desarrolla a lo largo del argumento en muchos sentidos y es clarísimo, los personajes que nos muestran depositan la responsabilidad de sus vidas a otros personajes y culpan de sus demonios a otros, pero cuando por fin se permiten perdonarse a sí mismos y perdonar a los demás es cuando todo empieza a encajar, cuando deciden salir a buscar la oportunidad, a hacer las cosas de manera distintas, entonces todo florece. 

Noah Baumbach, que este año nos sorprendió con la desgarradora ‘Marriage Story’, escribe y dirige esta película, y aunque confieso que no conozco más de su filmografía que estas dos cintas, hay algo que me parece formidable y es que los problemas de los personajes siempre deambulan por el mundo del arte, y para mí que vengo de una familia teatrera me resulta muy sensible, pues conozco las sensibilidades a la que como artistas que pretendemos ser estamos expuestos. 

Nota importante: En mi opinión, Adam Sandler, interpreta quizás el mejor personaje de su vida; es profundo, conmovedor e increíblemente humano y lleno de verdad. 

Por Marcelino Cuéllar Castro.

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