La sustancia: Juventud, divino tesoro

Con una propuesta impresionante sobre todo en lo visual, La Sustancia se posiciona fácilmente como uno de los grandes estrenos del 2024

Si uno busca comentarios acerca de “La Sustancia” de Coralie Fargeat y protagonizada por Demi Moore, lo más recurrente es la crítica a la cultura de la belleza tóxica, pero creo que debemos hacerle aún más justicia a esta película que impacta por su reflexión no sólo sobre la belleza, sino sobre la vejez y la soledad.

La idea es no caer en spoilers innecesarios, porque una de las ventajas de ver “La sustancia” con poca información, es que el tercer acto de verdad no lo verás venir, pero por eso vamos a centrarnos en Lizzie, el personaje de Demi Moore y en su batalla interna contra el paso del tiempo.

Este año, en otra película que también se desarrolla en la industria del cine, la protagonista hablaba de estar “añejándose como el pan y no como el vino”, haciendo referencia a la corta vida de las mujeres en la industria del entretenimiento, que en el caso de “La Sustancia” se centra en la televisión. Lizzie Sparkle es una mujer que parece tenerlo todo: fama, el cariño de la gente y una presencia constante en el segmento matutino de un canal de televisión, sin embargo, en su último cumpleaños, los directivos sienten la necesidad de “renovar”, desechándola y sumiéndola en una desesperación tal que decide recurrir a un tratamiento llamado “La Sustancia”, donde por supuesto las cosas no saldrán como ella espera.

La película reflexiona sobre temas grandes, pero también es una elegante carta de amor al cine B, y al gore, con referencias a “El Reanimador”, “Carrie”, “El Resplandor”, “Basket Case” y sí, harto de “Bad Taste”.

Sobre el impacto visual que genera, estoy de acuerdo a medias, porque creo que si conoces y te gustan todas las películas que mencioné antes, no tendrás problemas con “La Sustancia”, que de todos modos es un espectáculo digno de ver en pantalla grande.

Más que criticar la belleza tóxica, a la que finalmente termina ridiculizando con una escena absurda y a la vez increíble, creo que sería bueno verla desde una perspectiva edadista, porque Lizzie no quiere sólo volver a ser bella, ella quiere volver a ser joven, ya que cree que es la única manera de sentirse amada, y esa percepción es la que finalmente termina por boicotear cualquier intento que ella tuviera de romper ese esquema y llevar una vida feliz con su propio aspecto.

En lo visual no tengo mucho más que agregar, la película tiene los recursos suficientes como para ser un recorrido interesante por el cuerpo envejecido y se agradece enormemente el uso de efectos prácticos, descartando el abuso de CGI, lo que en sí también es un reconocimiento a otras producciones.

“La Sustancia” es una película de ciencia ficción, que entra y sale del terror porque entendió que los límites son una construcción. Es elegante y grotesca, limpia y viscosa, y sobre todo muy entretenida.

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