Era una noche calurosa, algo normal en el estado de California. El director, un icono de aquella década, y su crew, estaban por grabar una escena de acción de lo más peligrosa. Era una pequeña recreación de la infame Guerra de Vietnam y a diferencia de otros cineastas como Coppola o Stone, ellos no se fueron a grabar a una exótica isla o país, sino que se quedaron en su propia tierra, en un rancho llamado Indian Dunes, a poca distancia de la Montaña Mágica de Six Flags en Valencia, California.

Ya se estaba haciendo muy tarde, ciertas personas (léase dos niños), estaban esperando a grabar. Eso era algo bastante extraño ya que las leyes del estado prohibían a los menores grabar a tales horas; pero el director era un hombre con cierto poder, uno de los productores era uno de las más imponentes y más grandes figuras de la industria – en fin, de alguna forma u otra lograron buscarle la vuelta al asunto y hacer que esos peques pudieran quedarse. Según me entere más adelante, hubo uno que otro caso de chantaje.

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Como si se tratara de una especie de Tom Cruise moderno, el actor principal decidió hacer sus propias escenas de riesgos, en vez de pedir por un doble (aunque según rumores, al final se sentía de lo más arrepentido por tal decisión). La escena en cuestión básicamente era la siguiente: el protagonista se llevaría a los chicos por un pequeño lago mientras un helicóptero americano le seguía los talones. El piloto había participado en la guerra como miembro de las Fuerzas Aéreas, por lo que ya tenía su experiencia.

Los actores ya estaban corriendo. El helicóptero yacía a veinticinco pies, estaba a punto de hacer una maniobra, más que nada una explosión que debería ocurrir en ese preciso instante. Hizo un giro de 180 grados que estaba siendo tomada por una de las cámaras. Sin embargo, algo malo ocurrió. En vez de moverse, en el momento de la explosión, la nave se encontraba debajo y fue impactada. El rotor empezó a fallar y terminó despegándose de la cola, haciéndole perder el control.

Abajo, el actor seguía corriendo. Uno de los niños se le cayó. El actor se percató de esto, y fue a levantarlo. En ese preciso instante, el helicóptero cayó encima de los tres. El otro niño y la estrella fueron decapitadas por la hélices, mientras el otro, el pobrecito, fue aplastado.

Tras el accidente, como era de esperarse, se empezó una cacería para atrapar a los responsables. El director, John Landis, y el mega-productor, Steven Spielberg, rompió completamente con su relación de amistad y de trabajo.

El actor, Vic Morrow, al igual que Mica Dihn Le de siete años y Renee Shin-Yi de seis, perdieron más que una amistad. Perdieron la vida, por una de las más grandes negligencias en la historia del cine.

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Something Scary

La película empieza en una nota de lo más meta, con dos hombres conduciendo en la carretera, y charlando. El pasajero, Dan Aykroyd, hace referencia al episodio A Kind Of Stopwatch de la quinta temporada – aunque el conductor, Albert Brooks, está seguro que dicha referencia pertenece a otra serie de la misma era. Al final, la audiencia se termina llevando una sorpresa de lo más espeluznante cuando Aykroyd revela ser una especie de monstruo zombie.

Bien al estilo de la propia serie, el giro inesperado resulta chocante y aquellos que se asustan fácilmente terminarán saltando de sus asientos. Sin lugar a dudas, una escena clásica en el género de terror.

Tras la revelación, las míticas palabras de Rod Sterling son recitadas por el actor Burgess Meredith, quién ya era una especie de veterano en la serie original, apareciendo en cuatro episodios. Al principio, se pensó en usar la grabación original de Sterling, y en parte hubiera funcionado, aunque con el tono de homenaje que impregna la película, veo ahora como esta pequeña rendición encaja más con el concepto en general del film.

Time Out

Lo más horroroso de este segmento no es tanto la historia en sí, sino el fatídico accidente que le acompaña y que ya fue descrito al inicio del artículo.

Anteriormente titulado “The Bigot” (El Intolerante), ya que según clama el autor, iba a retener un comentario socio-político, lo más cercano a lo mejor del programa original. El tema encaja mejor con la historia de un hombre que está de lo más enojado luego de que un compañero del trabajo, un judío, haya sido promocionado en vez de él. En medio de la borrachera comienza a lanzar comentarios altamente racistas contra los negros, asiáticos y, obvio, los judíos. Esto enoja a varios de los demás clientes y éste, a regañadientes, sale del bar sólo para encontrarse atrapado en la Francia ocupada. Es interrogado y perseguido por unos policías nazis y luego de ser disparado termina cayendo en varios viajes en el tiempo que le llevaran a luchar contra el KKK y los mismos americanos. El final es de lo más irónico.

Junto a “Something Scary,” este fue el segundo segmento en ser grabado, y como anteriormente mencionado, fue la única historia original de la antología. El concepto y la moraleja de la historia encaja perfectamente con la serie, pero hay algo extraño. Digo, de un hombre lobo a un nazi, existe una gran diferencia y la transición se siente algo abrupta.

Kick The Can

Hablando de transiciones abruptas, el siguiente segmento está dirigido por Steven Spielberg y trata sobre un viejo que aprende a no abandonar su niño interior, con la ayuda de otros ancianos en una casa de retiro, que mágicamente se convierten en chicos de cinco a diez años.

Ahora bien, la discrepancia y la falta de conexión entre este y los demás segmentos se debe a muchas cosas. Comenzando por el simple hecho de que Spielberg tenía en mente otras historias, incluyendo un remake del episodio The Monsters Are Due On Maple Street, pero la desecho porque la misma incluía escenas de noche con niños y efectos especiales, y teniendo en cuenta que él quería terminar con la película tras el fatídico accidente, se entiende pues que grabar en la noche era literalmente lo último que quería hacer. Otra tenía que ver con un bravucón, pero hubo problema con el guion. También, con “Kick The Can,” otro factor que pudo haber influido en la desconexión y la calidad un tanto mediocre de la misma, es el hecho de que su director estaba tan afligido por toda la tragedia que de hecho grabó todo en seis días, ya que deseaba terminar con su contracto y largarse lo más rápido posible. Ni siquiera el hecho de que había trabajado anteriormente con Sterling y su gran aprecio hacia el visionario pudo con toda la pena que sentía.

Un elemento que tiene un papel importante en el segmento es la música. Como el mejor de los clásicos de Amblin, el tono fantasioso y a veces jocoso, eleva la historia y le da un toque de lo más encantador. Resulta interesante que la música no haya sido compuesta por la mano derecha de Steven, el genio de genios, John Williams – aunque dos de sus hijos si tuvieron presencia en el soundtrack. En vez de ello, el mítico Jerry Goldsmith estuvo a cargo de todo el score del film. Y aún más interesante, es el hecho de que una música tan alegre realmente iba a formar parte de la banda sonora de Psicosis II.

De nuevo, la historia es bastante linda y tiene varios guiños y giros que lamentablemente no logran encajar con el tono de terror que corroe todo el film. Al menos que alguien me diga que esto debía ser una especie de intermisión o momento de calma en medio de una tormenta de pena y dolor (lo cual una vez te sabes todo el detrás puede que no esté muy lejos de ser verdad), se podría entender.

La segunda parte se estrena la próxima semana, dónde estaremos indagando en los dos últimos segmentos. Además de más datos curiosos sobre la producción de un film que al mejor estilo de Poltergeist o El Exorcista, se podría considerar una de las películas malditas del cine.

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