La última entrega del célebre director François Ozon (“Bajo la Arena”, “8 Mujeres” o “Joven y Bonita”), trae a la pantalla grande una desgarradora historia basada en hechos reales, y que durante este 2019 ha deslumbrado en diversos festivales, obteniendo incluso el Gran Premio del Jurado en la última edición del Festival de Berlín.

La cinta aborda el encubrimiento eclesiástico que durante más de 20 años, permitió el abuso del sacerdote francés Bernard Preynat a más de 70 niños, durante la década de los ochenta y noventas. La organización de víctimas que desde 2015 hasta hoy, denuncia el deleznable crimen y su la protección de la iglesia al sacerdote, sirvió como inspiración para que Ozon planteara un relato vivo y dramático de los oscuros pactos de silencio que encubren estos crímenes en dicha institución.

La película pareciera tener una narrativa que se divide en dos mitades. La primera parte se centra en Alexander (Melvil Poupaud), padre de una tradicional familia de iglesia en la ciudad de Lyon, intrigado al enterarse que el padre Preynat (Bernard Verley), quien abusó de él en su infancia y le dejó horribles recuerdos, aún tiene contacto con menores como si nada. Presentando sus inquietudes frente a la iglesia por medio de cartas, un recurso que se utiliza durante gran parte de la trama, Alexandre se encuentra con un cerco casi imposible de atravesar sin ayuda.

Así es como, en la segunda parte del relato, Ozon abre la narrativa hacia dos nuevas aristas del caso: los personajes de François (Denis Ménochet) y Emmanuel (Swann Arlaud). El primero, un padre ateo y dispuesto todo por liderar el movimiento contra Preynat, y el segundo, un joven epiléptico y mayor víctima del sacerdote. Ambos tienen en común el hecho de sentir una carga del cual desean liberarse, y la triada que forman junto a Alexandre organizan al grupo de víctimas que hace públicos los abusos. Sin embargo, el poder de la iglesia y la conjunción de sus representantes en pos de resguardar las apariencias, hacen que la denuncia pase de un lado a otro sin un veredicto claro, situación que pareciera dilatar el conflicto hacia el final de la trama (letargo incrementado por quizás, una excesiva duración de la cinta).

Aún así, y a través de un ritmo ágil, despretencioso y que aumenta la tensión, el director logra introducirnos en un drama tan escabroso como indispensable que impactó a Francia, no escatimando en cuanto a la turbiedad del asunto y la responsabilidad de tratarlo, aspecto en que destaca la desgarradora pero atingente actuación del veterano Bernard Verley. Llega a poner los pelos de punta y genera repulsión en los momentos donde reconoce los abusos sexuales contra niños, justificándose en una supuesta enfermedad mental y mostrándose culposo, aunque no se muestra dispuesto a pagar sus culpas tras las rejas ni menos, a dejar de ser sacerdote. La hipocresía, el secretismo y la protección del sacerdote, que incluso le permiten tomar de la mano a una de sus víctimas para rezar, representan el poderoso antagonismo en “Por gracia de Dios”. Uno silencioso pero implacable cuando se trata de tapar lo podrido bajo la alfombra”.

Sin duda, una película que vale la pena ver, y que pese a dejar un gusto amargo por lo desconcertante y repudiable de la situación, se deja ver con atención. En el caso de los espectadores chilenos, es inevitable mencionar la memoria que surge frente a una historia tan parecida a la de la película, que sorprende. Los horribles abusos cometidos por el sacerdote Fernando Karadima, también denunciados públicamente por una organización de víctimas ante una iglesia sin respuestas, y que tan fielmente fueron representados en la cinta nacional del director Matías Lira, “El Bosque de Karadima” (2015).

Por Lucas Villalobos

Les dejamos el trailer oficial de este imperdible film francés, que estrena este jueves 26 de septiembre en diversas salas de los cines nacionales:

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