Salir de la ciudad de uno es nada fácil, la gente a veces cree que es porque uno es resentido, es creído o algo parecido. Pero mis amigos, yo que un día decidí irme de mi casa por perseguir mi sueños, les digo sinceramente, que como dicen al final de esta película “irse no es dejar de estar”. 

Todos los días -así sea un ratito- la melancolía me arrastra hasta mi habitación de adolescente; a las conversaciones mañaneras con mi papá; al café mi mamá, a su comida, a su amor; a las risas y peleas con mi hermana; y a las desveladas descubriendo nueva música con mi hermano; es extrañar duele, y a veces duele mucho. 

Pero aquí sigo, intentando abrirme camino en una ciudad que no es la mía, en una carrera profesional que no estudié, pero que por azares de la vida terminé en ella, no solo por causalidad, sino como resultado de mi decisión de creer que lo que hoy en día hago, me acerca más a lo que he buscado siempre en mi vida. Lo bueno es que sí ha resultado ser así. 

He sido muy afortunado y creo que he crecido bastante rápido, tanto que me aterra, he madurado a la fuerza, pero en el fondo no me puedo meter mentiras, sigo siendo un niño, un culicagado interpretando el rol de un adulto. 

No sé si la vida me tenga preparado un éxito como el de Daniel Mantovani, el protagonista de esta película, pero lo que quiero decir, es que entiendo profundamente al personaje, un artista que deja su pueblo natal para buscar desarrollarse como escritor en el exterior, y lo entiendo porque a veces las oportunidades son muy escasas, y si algo que caracteriza a todo aquel que aspira a ser artista, es que es terco, por eso es que uno se va, porque como diría Alfonso Cuarón, “somos brazeros de lujo” porque hay circunstancias que no permiten que gente como ellos se desarrollen. 

Hoy tampoco quise hablar de qué va la película, preferí contarles mi conexión personal con ella, sé que muchos la van a tener, pero por lo que les conté ya debieron haberse hecho una idea del argumento, aunque si no queda claro, se los resumo en lo siguiente: un escritor ganador del Nobel, regresa después de 40 años a su pueblo natal y allí se dará cuenta que definitivamente nadie es profeta en su tierra, así lo parezca. 

Si hace dos semanas me hicieron caso y se vieron ‘Mi Obra Maestra’ y les gustó, pues para que se antojen más, les cuento que esta película es de los mismos directores. Se las dejo de tarea y me encantaría empezarlos a leer, así que dejen sus comentarios al final del artículo.

Por Marcelino Cullar Castro

Ya saben que la película la pueden ver en Netflix, lo que no saben, es que me pueden seguir en Instagram y Twitter como: @marcelinocc16.

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