Estoy seguro que ‘Lost In Translation’ es una de las películas más comentadas en la historia del cine de la década de los 2000, sin embargo, entre tantas cosas dichas, no recuerdo haber leído alguna vez sobre un tema que siempre me ha llamado de esta cinta, tal cual como lo digo en el título de este artículo, se trata del cansancio emocional. 

Los dos personajes que nos presenta Sofía Coppola, no solo coinciden con ser dos norteamericanos que visitan Tokio o ser dos personas que tienen su vida en pareja deteriorada, sino que ambos poseen un profundo entendimiento de lo que significa estar agotado, hasta el punto de no hacer prácticamente nada por voluntad propia, solo dejando que la vida misma los arrastre. 

De ahí nace la conexión de esta pareja, que al final después de una conversación, descubren en el otro un estado de genuina paz, con el mundo y más importante, con ellos mismos, y por eso he querido hablar de este tema hoy, porque definitivamente sé que muchas personas, dadas las circunstancias contextuales, están cansadas emocionalmente. Y es que no es fácil, porque nos enfrentamos a una generación y una época llena de incertidumbres y muy pocas certezas.

El mundo que nos tocó es como esa colosal Tokio que nos muestra la cineasta, un mundo que no se detiene, que a veces parece que nos comiera con sus exigencias, con su constante cambio, implacable y frío.  

Por eso, cuando uno encuentra el amor -tal y como lo hice yo, hace casi un año- es profundamente transformador y trasgresor, porque al final, un abrazo, un beso, o una sencilla palabra de aliento, es la única certeza que podríamos tener en este mar de dudas en el que nos encontramos nadando sin ningún curso. 

Hoy los invito a que si no han visto esta película la vean, pero si ya lo hicieron, también los invito a que se la repitan, para que salgan con un poquito de esperanza y se aferren a cualquier manifestación de amor que puedan tener; a la de sus padres, sus hermanos, sus amigos, sus parejas y hasta la del amor propio. Solo así lograremos sobrevivir a este caótico 2020. 

Por: Marcelino Cuéllar Castro

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