Pocas, poquísimas películas pueden ser las que recuerde y pueda calificar de poéticas en todo el sentido de la palabra. Entre ellas, sin duda, entró a esa selecta lista, ‘A Ghost Story’ que recientemente pude ver. 

La razón principal por la que me motivé a verla, es porque es protagonizada por Rooney Mara y Casey Affleck, dos grandes de la actuación de esta generación. Y si uno se pone a pensar creo que la película está hecha a la medida de ambos. 

En fin, no quiero desviarme de lo que realmente quiero resaltar y lo primero que siento, es que la cinta no parece escrita en prosa, cada imagen y cada momento son un verso de un largo poema que recurre a dos de los temas más frecuentes en la poesía: el amor y la muerte. Porque al final, de eso se trata este canto, de la pérdida. 

Las imágenes, el formato y la textura de la luz misma, nos permiten sentir muchísimo y conectarnos. Muchas veces la puesta en escena, las metáforas y la entrada de luces, nos deja ver la intención teatral detrás de la historia, para podernos permitir como observadores aceptar lo absurdo y onírico de las situaciones planteadas. Como en cualquier buen poema, hay filosofía detrás, de esa que nos deja perplejos y con la boca seca, al instaurar preguntas que por lo general tratamos de evitar. 

Pero esta historia es así, nos va llevando de duda en duda, reflejando y haciendo un “ciclo” de reflexión muy íntimo, del que acabamos tan agotados, que tenemos que sentarnos por un corto tiempo en el borde de la cama, prepararnos un té y digerir todas esas emociones que acabamos de despertar. 

Antes de que vayan y la vean, tengo que hacer una advertencia, esta es sin duda una película que entra ya entre mis favoritas en la historia del cine, pero por eso mismo no quiero recomendarla como en otros casos, pues por ahí intuyo que para que te guste esta película tienen que haber dos condiciones: la primera, que seas un cinéfilo consagrado y veas cualquier tipo de cine, o la segunda, que logres conectarte con las situaciones por las que pasan los protagonistas, desde el fondo y la forma. 

Por: Marcelino Cuéllar Castro

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¡Mucho love!

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