¿De qué hablan las películas chilenas? De historias reales, crudas, históricas, efectivas. Jesús, la nueva película de Fernando Guzzoni no se queda atrás y vuelca un relato basado en una historia sensiblemente real en la mirada de un victimario, que no es tan victimario como se piensa y se ve en la necesidad humana de ser alguien, sabiendo en el fondo que para ser alguien hay que pulir el interior primero.

Coreografías coreanas mezcladas con droga, sexo y violencia, la inestable vida del inadaptado protagonista, nos invita a ver el lado B de un crimen no planeado y su consiguiente estado de culpa y huida. Con pocos personajes podemos descifrar que mundo se mueve dentro de este círculo de vicios y risas, mentiras y carrete. Intuimos que pasará, pero no podemos dilucidar tempranamente que es lo que lleva a eso a Jesús, como tampoco su inconcluso final.

La relación con el padre, interpretado prolijamente por Alejandro Goic, es tensa e incómoda. No hay mucha relación afectiva propiamente tal, todo se basa en la mecánica de recibir el reto de este padre medio ausente y mirarse uno a otro, de vez en cuando, con decepción. Sin embargo, a lo largo de la película podemos ver los reales problemas que existen entre ellos y como la sangre y el sentido de protección agudiza su conexión fallida hasta un punto en que la realidad supera las emociones propiciadas entre ambos.

Los amigos, por otro lado, que siendo realistas, no son precisamente amigos, son los cómplices del sentido de culpa, cobardía, confusión y poca madurez al tomar decisiones que los llevarán por un camino oscuro e inevitable. Es la búsqueda de una identidad en Jesús, en la cual el actor Nicolás Durán más se esfuerza por expeler, la que lo hace adentrarse en un mundo frívolo y supuestamente alentador, que, sin embargo, no traspasa la barrera de la complicidad amistosa y se descubre como violento y traicionero.

Son los años de exploración sexual, política, identitaria. Son los espacios tomados para ser uno mismo o ser un otro falso para encajar. Son las consecuencias de traumas, ausencias y soledad. ¿Es la clásica forma de entender el mundo? ¿De la peor forma? Ser un adolescente con estas afecciones puede tornar en el peor escenario, como vemos en la película.

Guzzoni supo direccionar un relato basado en una historia real de la mejor manera posible, siendo discreto pero elocuente con los sucesos, navegando por la mente de un culpable y haciéndonos entender que todo mal aparece por una cadena de frustraciones y tristezas. Vemos así como todo cae por su propio peso, sin que podamos hacer nada al respecto ya que la vida se encarga de una forma u otra.

La película sigue en cartelera y puedes encontrar toda la información acá –> Película Jesus

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