Max es un hombre que ha manejado su empresa de banquetes por más de 30 años. Ha dirigido a todo un equipo de cocineros, meseros, lavaplatos, cantantes y fotógrafos por mucho tiempo y el cansancio comienza a encontrarle. Su matrimonio con Nicole no pinta bien y menos su relación extramarital con Josiane, una de las integrantes de su equipo.

Tal vez el último evento que Max dirija sea el matrimonio de Pierre y Helena, quienes planean casarse en un espectacular castillo francés del siglo XVII. Todo está preparado para el gran día, menos, el equipo de Max, quienes parecen empeñados en hacer de cada momento especial y único un completo desastre.

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Con personajes comunes pero hilarantes, presenciaremos el momento más importante en la vida de Helena y Pierre mientras los fotógrafos se comen los bocadillos o la orquesta se intoxica porque alguien descongeló el cordero.

La película es un balance perfecto entre el escenario idílico del château francés y los disparates que comete el equipo de Max. A cada momento de felicidad o emoción, le seguirá una burrada y nuestra consiguiente carcajada.

Como en la boda, cada detalle está cuidado para hacer que nos enamoremos de la película. La cuidada luz, el bello paisaje y las planificadas escenas acompañan a personajes llenos de matices y emociones a flor de piel. Su espontaneidad es lo que nos hará reír y disfrutarlos.

Sin duda que “La Fiesta de la Vida” es una gran muestra de que cuando una película es bella y bien lograda, puede hacer que quieras agitar tu servilleta por el aire de felicidad.

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