A la caza de Jack el Destripador
Por Paulina Álvarez
Un libro que mezcla misterio y horror, ambientado en el siglo XIX, inspirado en los asesinatos seriales ocurridos en Londres, Inglaterra. La protagonista, Audrey Rose, es una adolescente de 17 años, quien se adentra en la vida de la medicina forense para explorar su lado más peculiar, su fascinación por la sangre.
Alejada de su cómoda vida de señorita, Audrey comienza a asistir a clases teórico-prácticas en el laboratorio con su Tío Jonathan, donde poco a poco aprenderá de incisiones, arterias y bisturí, información que la llevará a sentir curiosidad por la causa de muerte de aquellos cuerpos muertos con los cuales se siente tan cómoda.
A menudo que avanza la historia, el lector va formándose rigurosas imágenes en la memoria, dado que la autora hace especial énfasis en revelar los detalles de cada momento de manera tan minuciosa, que logra captar la atención de inmediato, haciendo que el escenario situacional se vuelva cada vez más vívido. Este tipo de escritura descriptiva nos hace querer descubrir, junto con Audrey, la causa de muerte de los cuerpos dispuestos para experimentar, que hay en el laboratorio de Tío. Sin embargo, a pesar de la expectación que la medicina forense y criminológica pueda generar, el libro propone una especie de crossover terrorífico con la historia de los asesinatos ocurridos en Londres, a manos del siniestro personaje de Jack el destripador, por lo cual antes de leerlo, predispone a los fanáticos de los misterios a encontrarse con una historia similar, lo cual me parece un poco pretencioso, dado que el libro se aleja bastante del género de terror cuando da paso a una historia romántica juvenil.
Por una parte, tenemos a Audrey Rose, una chica sobreprotegida por su rol social y por su familia, quien siente profunda atracción por los crímenes sin resolver, un rasgo característico enigmático que atrapa al lector, pero que, en sus efectos, se ve malgastado por el afán de querer siempre incluir el amor platónico romántico que la protagonista siente por el autor desconocido de los macabros asesinatos que alarman a la sociedad de la época. Por otro lado, la personalidad de Audrey, muy al estilo detectivesco, deductiva, pensativa y observadora, como también medio feminista, critica el conservadurismo y machismo que no le permite asistir libremente a la escuela de medicina por el sólo hecho de ser mujer, lo cual contrasta con los otros personajes femeninos que participan en la historia.
En lo concreto, la trama se desenvuelve bien, de manera excelente si debemos destacar la redacción y el alto nivel de especificación de planos, situaciones, detalles de los asesinatos e incluso, de este juego continuo entre realidad y ficción, lo cual resalta gracias a la impresión de imágenes reales de la época, que acompañan el relato en primera persona de nuestra protagonista. En este sentido, vale la pena admitir que el trabajo meticuloso de Maniscalco, nos transporta a las antiguas calles londinenses, a la narrativa histórica pero sombría que nos devuelve el amor por los relatos sobre crímenes reales, combinados con la delicadeza descriptiva de la ficción detrás de personajes con personalidades muy diversas, pero unidos por la obsesión por el misterio.













