Sean Justin Penn es un actor, escritor, director y político estadounidense. Ha sido galardonado, entre otros, con dos premios Óscar por su interpretación en las películas Mystic River y Milk. Sin embargo, se menciona poco que una de las películas más emotivas del actor, es I’m Sam, donde Penn desarrolla una actuación memorable y hoy queremos homenajear al gran actor, y también al filme.

Pocas películas logran trasmitir más allá de la inmediatez de su visionado. Sólo unas pocas quedan por siempre en nuestra memoria cinéfila, sea por la razón que sea y sin duda I’m Sam es una de ellas. Protagonizada por Sean Penn (Sam), la película recorre la travesía que debe enfrentar Sam, donde el actor logra una interpretación prodigiosa, en un papel que no es para nada fácil. Una performance llena de matices y de enseñanzas, que nos hasce sin duda, querer ser mejores personas dado su alto nivel emotivo.


Una mujer sin techo abandona a su hija el mismo día en que nace dejándola en manos de su padre biológico, Sam Dawson, quien tiene una discapacidad intelectual, ya que ella no quería tener un bebé con él. La película narra, al compás de los Beatles, las dificultades que tienen que atravesar cuando, a partir de los 7 años, Lucy (Dakota Fanning) sobresale en conocimientos en comparación a su padre, lo que hace que nazcan dudas sobre la capacidad de Sam de cuidar de ella. El Estado se cuestiona la capacidad de Sam para educar a su hija por lo que se enfrenta a un juicio que le puede hacer perder su custodia.


Sam un padre soltero, luchador, es un papá modelo. Con la ayuda de cuatro desafiantes camaradas y su vecina Annie han criado a su hija Lucy, pero dados los cuestionamientos de su entorno y de Servicios Sociales, Sam decide contratar a Rita Harrison (Michelle Pfeiffer), una abogada muy ocupada y sin tiempo para su familia, que descubrirá en Sam a un hombre inocente y lleno de amor.
En torno a su hija Lucy, magistralmente interpretada por Dakota Fanning, se va tensando en ambiente, pues a la pequeña le nacen preguntas cada vez son más difíciles para su padre y empieza a exigir un cuento distinto antes de dormir, de los de pocas ilustraciones y palabras difíciles. Un dibujo en el colegio, poco antes de cumplir los siete años, hace sonar las alarmas: se dibuja más grande que su propio padre. Sus profesores deciden avisar a los servicios sociales para que evalúen el entorno familiar de la pequeña.

Estéticamente el film resulta deslumbrante gracias a la fantástica fotografía de Elliot Davis que llena de luminosidad natural, y consigue crear un ambiente cálido, afable, que contrasta con el ajetreo matinal de la ciudad de Los Ángeles.


El reparto de la película es otro gran acierto. Sean Penn encarna una de sus mejores interpretaciones, genuina, real, trágica, tierna y muy honesta. Esto permite percibir de gran manera la crianza diferenciada dada la constitución de la familia, donde Sam le entrega a su hija, excelentes valores familiares. El peso de la película cae sobre las espaldas de Sean Penn, un actor proclive al exceso, pero muy bueno, que crea un personaje muy coherente, un tipo bondadoso, sin capacidad para la mentira, trabajador y obstinado, y lo adorna con una composición elaboradísima, pero verosímil.


La película nos enfrenta, mediante diversas situaciones, a ciertos debates en torno a la paternidad, la capacidad de las personas con discapacidad para criar y cuidar, y los apoyos que posibilitarían que estas situaciones fueran viables en lugar de suprimibles. La historia, en su periplo por la crianza, atraviesa el punto dramático de la cuestión, cuando entran en juego los poderes públicos. Se genera la paradoja de que el sistema que no ha estado presente para apoyar a Sam, le cuestiona, examina y censura como padre.
Luego de dar la pelea en tgribunales, Rita se da cuenta que, su cliente tiene grandes anhelos de amor; él entiende algo mucho más importante, a la abogada le basta observar el amor entre Lucy y Sam para comprender lo poco que tiene. Las limitaciones, las discapacidades, no son motivo suficiente para romper el lazo entre un padre y su hija.


Yo soy Sam, además de ofrecer un relato entrañable made in Hollywood, plantea cuestiones y debates poco frecuentes que trazan la distancia que aún hoy persiste entre los derechos de las personas con discapacidad y la limitación de estos que desde los mismos poderes públicos se les realiza.
Yo soy Sam es un gran drama gracias a un emotivo argumento. Una cinta para todos los públicos,

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