¿Alguna vez se han preguntado por qué existe el mal? Este interrogante existe hace muchos siglos en la humanidad y es una de las principales preguntas filosóficas que ha pasado por casi todas las generaciones de pensadores. 

¿Qué es lo que nos lleva a obedecer un impulso que atiende a una conducta criminal? ¿El ser humano es inherentemente bueno? o ¿es inherentemente malo? Aunque no es una obviedad, esta es la filosofía detrás de ‘The Sinner’, una serie que hace parte del contenido de Netflix y que considero una de sus mejores producciones. 

En esta sección no he hablado antes de una serie, pero recientemente terminé de ver la tercera temporada de ‘The Sinner’ y la verdad es que me han dado muchas ganas de contarles lo que pienso de esta. 

Lo primero, es que si no la han visto, vayan a verla, porque es una de esas historias que tiene un cóctel de buenas cosas y termina por gustar muchísimo a quienes la ven. 

Lo segundo, es que quienes ya la vieron completa, sabrán que cada temporada se trata de una historia distinta, en el que el protagonista, el detective Ambrose, intentará esclarecer los hechos de un asesinato (cada caso corresponde a una temporada), y así, este agudo investigador se meterá en la cabeza de los sospechosos, para hurgar y ver lo que los demás no pueden ver. 

Lo interesante de todo esto, es que  Ambrose, representa realmente “la duda”, porque aunque los casos siempre parecerían poder cerrarse con un poco pruebas, él va más allá, simplemente por el compromiso que siente con él mismo de averiguar el origen del mal, no el origen caso que es distinto, sino la verdadera razón de por qué la gente comete crímenes o hace cosas que ante la sociedad son consideradas malvadas. 

Parte de ese interés, es porque Ambrose se considera a sí mismo un pecador, alguien que debe purgar su actos y sus pensamientos, pues al final, lo único que lo diferencia de los criminales es su capacidad de autocontrol. Y ahí es donde se pone punzante este argumento. 

El hecho de que nos presenten a un detective que sucumbe a algunas conductas poco morales, nos marca una empática relación espectador-protagonista, ¿Por qué? Sencillo: “Quién esté libre de pecado, que tire la primera piedra”. 

Para concluir, quiero decir que el protagonista de esta historia no solo se permite escarbar en la mente de los criminales a quienes investiga, sino que por ahí mismo, se adentra en la propia mente del espectador de esta serie, al final, todos somos pecadores. 

Por: Marcelino Cuéllar Castro

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