El documentalista mexicano, Everardo González, nos invita a mirar lo que no queremos mirar, ya sea por incomodidad, o simplemente porque es mucho más fácil ignorar que aceptar que hay un problema profundo que nos remueve como sociedad. Seremos testigos de testimonios de diversas locaciones, edades y géneros unidos por una sola palabra que detona sus vidas, la violencia.

Normalmente es casi pan de cada día juzgar de una u otra manera a nuestros semejantes, no se nos hace una práctica difícil, pero esta vez, será complejo hacerlo, utilizando un recurso bastante brillante bajo mi perspectiva. 

Veremos frente a nosotros, rostros cubiertos por una máscara color beige, donde estaremos casi obligados a aplicar la empatía, escuchando crudos relatos reales que rompieron no solo familias, sino que también, mentes y almas.

Desde dos hermanas que fueron testigos de cómo se llevaron a su madre para protegerlas, una madre que busca con el corazón en sus manos a sus dos hijos, un hombre inocente que es arrestado, violado y torturado por policías municipales, hasta un joven sicario que cuenta sus experiencias al momento de tener que asesinar familias, (incluyendo niños) de manera explícita.

Dejándonos un millón de interrogantes, con ganas de gritar hasta sentir que podemos botar toda la amargura que nos queda dentro del corazón, luego de caminar con los zapatos de cada uno de estos personajes.

No es algo que incumbe o preocupa solo a México, es algo que vivimos día a día de diferentes formas y tiznado de diversos colores. La sombra que opaca nuestro caminar, la violencia, la corrupción y la falta de interés sobre la vida misma.

Te invito a sumergirnos en 1 hora 14 minutos, que nos obligará a mirar lo que no queremos ver, porque no tiene la suficiente azúcar que acostumbramos ver en la pantalla.

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